No pretende ser este artículo un análisis sesudo de la situación actual de movimiento obrero y sus perpectivas: de ello ya se encargarán las instancias y autores apropiados con mayor o menor lucidez. Desde esta tribuna no pretendo otra que hacer un recordatorio de al menos una parte de todos aquellos que nos han legado su experiencia, para que la sepamos utilizar en el futuro y desde la perspectiva privilegiada que nos concede la “flecha de el tiempo” detectar sus aciertos y sus glorias, sus errores y mezquindades, para tomar el relevo y construir una sociedad que merezca el nombre de auténticamente humana.
Empecemos el recorrido por todos aquellos esclavos de la antigüedad, que un día al rememorar la “patria perdida” (Va pensiero) no dudaron en apostar su vida a una carta, antes que seguir arrastrando sus cadenas como fantasmas. Recordemos a Espartaco, príncipe de los esclavos, noble en el espíritu antes que por la sangre. Recordemos, dando un salto en el tiempo, a aquellos que empezaron a construir los primeros sindicatos, con los que intentaron dar un sentido a una vida degradada de animal de carga, juntar codo con codo, transcender su existencia alienada. Gracias a ellos, quizás, nuestra existencia en el primer mundo sea diferente a una novela de Dickens o de Zola, aunque si nos dormimos…tiempo al tiempo.
Sigamos nuestro viaje a aquella Rusia, donde los obreros que tomaron las fábricas y derrocaron al zarismo, se vieron suplantados y engañados por una partido que se erguía en “vanguardia del proletariado”, para instaurar una de las dictaduras más sangrientas e inhumanas de la historia de la humanidad. No olvidemos tampoco a aquellos que pasaron por el campo de exterminio hitleriano, independientemente de que concordemos más o menos con sus ideas políticas. No olvidemos tampoco Berlín en 1953, Budapest en 1956, Praga en 1968, la lucha del sindicato Solidaridad en Polonia, toda un épico combate para después caer en las garras del capitalismo occidental.
Empecemos el recorrido por todos aquellos esclavos de la antigüedad, que un día al rememorar la “patria perdida” (Va pensiero) no dudaron en apostar su vida a una carta, antes que seguir arrastrando sus cadenas como fantasmas. Recordemos a Espartaco, príncipe de los esclavos, noble en el espíritu antes que por la sangre. Recordemos, dando un salto en el tiempo, a aquellos que empezaron a construir los primeros sindicatos, con los que intentaron dar un sentido a una vida degradada de animal de carga, juntar codo con codo, transcender su existencia alienada. Gracias a ellos, quizás, nuestra existencia en el primer mundo sea diferente a una novela de Dickens o de Zola, aunque si nos dormimos…tiempo al tiempo.
Sigamos nuestro viaje a aquella Rusia, donde los obreros que tomaron las fábricas y derrocaron al zarismo, se vieron suplantados y engañados por una partido que se erguía en “vanguardia del proletariado”, para instaurar una de las dictaduras más sangrientas e inhumanas de la historia de la humanidad. No olvidemos tampoco a aquellos que pasaron por el campo de exterminio hitleriano, independientemente de que concordemos más o menos con sus ideas políticas. No olvidemos tampoco Berlín en 1953, Budapest en 1956, Praga en 1968, la lucha del sindicato Solidaridad en Polonia, toda un épico combate para después caer en las garras del capitalismo occidental.
Y aquí en nuestro suelo ibérico, campo de batalla de disputas caínitas, es imposible olvidar el porte y la presencia del sindicalista honrado de la CNT como Pestaña o Abad de Santillán, el falangista que soñó con esa “nueva revolución” y el Estado Sindical para ser utilizado, estrujado y marginado por aquella dictadura de la oligarquía (¡Tantos nombres os sonarán!) del socialista de principios (que se vio marginado por no dar su brazo a torcer a la infiltración soviética en el PSOE) como Indalecio Prieto o Julián Besteiro, y tantos aquellos luchadores anónimos cuya bravura reconocería el general Yagüe, por encima de colores políticos. Y como no, aquellos que lucharon y derribaron la Dictadura, creando nuevas formas de organización obrera, para al final acabar en la España de los contratos basura, las ETTs, la subordinación a las multinacionales y a Bruselas y la insolidaridad nacionalista.
Y por supuesto, no podemos olvidar a los más olvidados que en el Tercer Mundo son carne de cañón de las “civilizadas multinacionales”, a aquellos que curtidos en la lucha cotidiana por la existencia, nos puedan dar lecciones de entrega y altruismo revolucionario a las hedonistas y autocontemplativas sociedades del mundo “desarrollado”. En particular recordemos a los pueblos hermanos de Iberoamérica que nos han regalado algunas de las experiencias más enriquecedoras de la lucha obrera: el Sandinismo, la experiencia cooperativista y sindicalista Argentina, los pequeños y tenaces obreros bolivianos que, hasta la fecha, no han podido encontrar una conducción política honesta y audaz… y esperemos que sus luchas no sean utilizadas y desviadas por burócratas sin escrúpulos para crear regímenes similares al cubano.
Recojamos su antorcha, tomemos el relevo!
1º de mayo, 2008
Y por supuesto, no podemos olvidar a los más olvidados que en el Tercer Mundo son carne de cañón de las “civilizadas multinacionales”, a aquellos que curtidos en la lucha cotidiana por la existencia, nos puedan dar lecciones de entrega y altruismo revolucionario a las hedonistas y autocontemplativas sociedades del mundo “desarrollado”. En particular recordemos a los pueblos hermanos de Iberoamérica que nos han regalado algunas de las experiencias más enriquecedoras de la lucha obrera: el Sandinismo, la experiencia cooperativista y sindicalista Argentina, los pequeños y tenaces obreros bolivianos que, hasta la fecha, no han podido encontrar una conducción política honesta y audaz… y esperemos que sus luchas no sean utilizadas y desviadas por burócratas sin escrúpulos para crear regímenes similares al cubano.
Recojamos su antorcha, tomemos el relevo!
1º de mayo, 2008

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