viernes, 25 de abril de 2008

JAVIER IGLESIAS: VOLVERÉ Y SEREMOS MILLONES


El 6 de septiembre de 1996 fue asesinado Javier Iglesias, quien, tras su militancia en el falangismo auténtico durante la transición, se estableció a partir de los años ochenta en Argentina y desarrolló, desde el peronismo revolucionario, una amplia labor política y un intenso compromiso social con los sectores más desfavorecidos.
Javier luchó codo con codo con las familias más humildes de las villas miseria -poblados chabolistas- bonaerenses por el derecho a una vivienda digna para todos, creando la Unión de los Sin Techo, desde la que se puso en marcha un amplia red de apoyo social.
Más tarde compatibilizó esa acción social con la actuación política y estuvo entre los promotores y dirigentes de la Agrupación Lucha Peronista que, en convergencia con los sectores más populares del país, se propuso la recuperación de la identidad peronista frente a la traición de Menem y el Partido Justicialista oficial.
Precisamente cuando Javier Iglesias recopilaba información sobre españoles desaparecidos en la dictadura militar argentina, murió abatido por los disparos de la policía menemista, en un oscuro suceso aún hoy no aclarado.


Incluímos un texto suyo de gran interés sobre el movimiento peronismo y el proyecto de un Socialismo Nacional (que no tiene nada que ver con el Nacional-Socialismo, que quede claro)


Juan Domingo Perón y el socialismo nacional: la empresa para quien la trabaja
por Javier Iglesias


Introducción
Las realizaciones y conquistas sociales del Peronismo en su primera etapa de gobierno (1946-1955), son tantas y tan importantes que, entre los propios seguidores de dicho Movimiento, es común interpretarlas como el fruto de una Revolución totalmente realizada; una especie de "Edad de Oro" de los trabajadores y del Pueblo argentino que, con algunas variaciones de detalle, puede y debe recuperarse mediante la organización y la lucha.
Paradójicamente esa versión del Peronismo como una Revolución "concluida" que hay que repetir y recuperar, no coincide en lo más mínimo con lo que pensaban aquellos que la llevaron a cabo en el pasado, ni mucho menos y en especial, con los planteamientos del mismo General Juan Domingo Perón. Para todos ellos, la riquísima experiencia política, económica y social del periodo 1943-1955 es apenas el inicio de una transformación revolucionaria mucho más profunda y, por lo que se refiere a lo económico, el verdadero comienzo de un proceso de gradual socialización de los medios de producción.
Que ese objetivo socializante es afirmado explícitamente y desde un principio por importantes sectores del Movimiento Peronista, puede probarse con la simple lectura de los estatutos de la CGT aprobados en su Congreso Extraordinario de abril de 1950. En su Preámbulo, después de afirmar que "la Doctrina Peronista, magistralmente expuesta por su creador, el General Juan Perón, define y sintetiza las aspiraciones fundamentales de los trabajadores argentinos y les señala la verdadera doctrina, con raíz y sentido nacional, cuya amplia y leal aplicación ha de forjar una Patria Justa, Libre y Soberana", fundamentan esa definición ideológica en el hecho de que:
"El proceso de realización tiende hacia la gradual socialización de los medios de producción y en cambio impone al proletariado el deber de participar y gravitar desde el terreno sindical para afianzar las conquistas de la Revolución Peronista, para consolidarlas en el presente y ensancharlas en el futuro". [1]
La inequívoca definición del Movimiento Obrero Argentino -calificado habitualmente por el General Perón como la "columna vertebral" del Peronismo- no es, por otra parte, una simple declaración sectorial. En ocasión tan importante como el 1º de mayo de 1952, en su alocución a los legisladores argentinos con motivo de la inauguración del 86º periodo ordinario de sesiones del Congreso Nacional, el propio Líder justicialista también afirma tajantemente:
"Así como la clase de los hombres que trabajan va substituyendo a los representantes del individualismo capitalista en el panorama político, también la clase de los hombres que trabajan va substituyendo progresivamente a las empresas individualistas, con las nuevas organizaciones de tipo cooperativo. Ello significa que los trabajadores, por la natural evolución económica de nuestro sistema, van adquiriendo progresivamente la propiedad directa de los bienes capitales de la producción, del comercio y de la industria. Este camino, por el que avanzan ya los trabajadores argentinos, tiene un largo pero fecundo recorrido y posibilitará el acceso del pueblo a la conducción de su propia economía. El viejo ideal del pueblo, en la plena posesión de sus derechos políticos, sociales y económicos, se realizará entonces, y en aquel momento la justicia social alcanzará la cumbre de sus objetivos totales y la doctrina peronista será la más bella y absoluta de las realidades". [2]
Que el Peronismo fundacional aspiraba a la total socialización de "los bienes capitales de la producción, del comercio y de la industria" resulta, pues, irrefutable, más allá del ritmo de esa socialización; ritmo que, como es natural, depende más de la cambiante relación de fuerzas nacional e internacional que de cuestiones ideológicas o esquemas teoricistas de salón.

Tercera Posición

Cuando, a partir de los propios textos peronistas, afirmamos que el Peronismo apunta hacia la socialización de los medios de producción, ¿estamos coincidiendo con la acusación del "nacionalismo" fascistizante y antiperonista según la cual el Justicialismo sería "un movimiento que sale del capitalismo y camina hacia el comunismo"? [3] Obviamente no. Los creadores de la Doctrina Peronista siempre recalcaron su carácter de "Tercera Posición"; sus postulados anticapitalistas pero, a la vez, diferentes de los del colectivismo totalitario y burocrático marxista. En el ya citado discurso del 1º de mayo de 1952 es también Perón el que recalca magistralmente ese "tercerismo" económico peronista:
"Para el capitalismo la renta nacional es producto del capital y pertenece ineludiblemente a los capitalistas. El colectivismo cree que la renta nacional es producto del trabajo común y pertenece al Estado, porque el Estado es propietario total y absoluto del capital y del trabajo. La doctrina peronista sostiene que la renta del país es producto del trabajo y pertenece por lo tanto a los trabajadores que la producen." [4]
El Peronismo no confunde, por lo tanto, socialización con estatización. Es anticapitalista pero pretende, a diferencia del marxismo, no la entrega de los medios de producción a un gigantesco Estado-Patrón dictatorial sino directamente a los propios trabajadores. Se trata de una concepción con mucha semejanza con lo que posteriormente será conocido como "socialismo autogestionario" [5] aunque también puede considerarse emparentada a las posiciones del anarcosindicalismo y del "sindicalismo revolucionario" europeo anterior a la Segunda Guerra Mundial; algo que han destacado recientes estudios ideológicos imparciales como los de Cristián Buchruker:
"Más que del socialismo clásico, el peronismo en gestación adoptó ideas fundamentales del anarcosindicalismo hispano-francés, el cual ya tenía una tradición no despreciable en el gremialismo argentino. Se trata aquí de dos exigencias: a) el directo protagonismo político del sindicato (no por mediación del partido) sobre todo a través de la huelga general como instrumento de acción; y b) el objetivo lejano de una administración de los medios de producción por los sindicatos mismos." [6].


Postmarxismo revolucionario


Debe destacarse, por otra parte, que el "tercerismo" peronista no implica necesariamente "equidistancia" con respecto al capitalismo y al comunismo. En ello es igualmente diáfano Perón:
"Pensamos que tanto el capitalismo como el comunismo son sistemas ya superados por el tiempo. Consideramos al capitalismo como la explotación del hombre por el capital y al comunismo como la explotación del individuo por el Estado. Ambos 'insectifican' a la persona mediante sistemas distintos. Creemos más; pensamos que los abusos del capitalismo son la causa y el comunismo el efecto. Sin capitalismo el comunismo no tendría razón de ser, creemos igualmente que, desaparecida la causa, se entraría en el comienzo de la desaparición del efecto." [7]
Es decir: el objetivo del Peronismo no es otro que hacer desaparecer el capitalismo -la "causa" de todos los problemas económicos, políticos y sociales- lo que, por si mismo, impedirá que surja un "efecto" indeseado: el capitalismo estatal "insectificante" comunista. Esta distinción es enormemente importante porque hoy, ante el pase de las burocracias ex-comunistas de la URSS y Europa del Este al bando capitalista encabezado por los archibandidos yanquis, no faltan pícaros supuestamente "peronistas" que declaran "superada" la Tercera Posición y "recomiendan" la "aceptación del triunfo capitalista". A esos proveedores de coartada de la claudicación y el más infame renunciamiento, les conviene repasar las luminosas enseñanzas de Perón y la compañera Evita:
"El peronismo no puede confundirse con el capitalismo, con el que no tiene ningún punto de contacto. Eso es lo que vió Perón, desde el primer momento. Toda su lucha se puede reducir a esto: en el campo social, lucha contra la explotación capitalista." [8].
El Peronismo, por lo tanto, se enfrenta implacablemente al capitalismo más allá de si el comunismo existe o no. Su rivalidad con el marxismo es en el terreno de la eficacia revolucionaria: ver quién consigue derribar finalmente al injusto sistema capitalista. De ahí las precisas orientaciones del General Perón:
"Nosotros somos la cabeza del movimiento nacional revolucionario. A ningún partido o movimiento se le debe permitir colocarse en una actitud más 'revolucionaria' que la nuestra. El día que eso ocurriera, habríamos perdido nuestra 'razón de ser' como movimiento, al ser reemplazados en la conducción popular. A los justicialistas que se coloquen en actitudes 'conformistas' o 'conciliadoras' para con el sistema imperante en nuestra patria, hay que expulsarlos del Movimiento sin miramientos. Son enemigos del pueblo y por lo tanto, enemigos nuestros." [9].
La deserción de las cúpulas marxistas -ya sean socialdemócratas o comunistas- del frente revolucionario al que supuestamente pertenecían, resuelve en la práctica el pleito entre Peronismo y marxismo al probar que el único anticapitalismo y antiimperialismo posible en la actualidad es el corporizado en Movimientos Nacional-Populares y Terceristas de Liberación: auténtico Peronismo argentino, bolivarianos de Venezuela, fundamentalismo revolucionario islámico de las naciones y pueblos musulmanes, resistencia armada torrijista panameña, etc. Los escasos núcleos que, con mejores deseos que resultados, aún intentan seguir aferrados a la vieja liturgia tradicional comunista, antes o después abandonarán las marchitas y superadas banderas del comunismo para integrarse lisa y llanamente a las pujantes fuerzas del nacionalismo popular revolucionario y de la Tercera Posición.


Proceso de socialización


Siendo el General Perón el conductor de un proceso revolucionario real y no un utopista de gabinete, es lógico que el grueso de su producción teórica más que dedicarse a teorizar sobre la sociedad futura se concentre en los problemas prácticos de un gobierno de liberación nacional y social o, tras la contrarrevolución oligárquica de 1955, en la lucha concreta para la recuperación del poder por parte del pueblo argentino. Eso no significa que el proceso de socialización por el propugnado sea tan a largo plazo que se convierta en una simple e inoperante expresión de deseos o fórmula retórica. De hecho el máximo dirigente justicialista expone en forma constante y repetida las fórmulas específicas que, a su juicio, revestirá ese proceso de socialización no estatista. Un interesante aporte doctrinario en ese sentido es el vertido en una larga conferencia concedida en 1970 al periodista uruguayo Carlos María Gutiérrez, corresponsal de Prensa Latina. Ante la pregunta "¿usted cree que además habría de ir, en el caso de la toma del poder, a la destrucción de ese tipo de estructuras burguesas; digamos, de la libre empresa, para emplear el término corriente? ¿Ir más allá de lo que se fue entre 1950 y 1955?", Perón responde sin la menor duda:
"Nosotros lo estábamos haciendo, pero lo estábamos haciendo a través de un sistema. Que ya había empresas... Las cervecerías del país estaban todas en manos de una cooperativa del sindicato de cerveceros. Yo pensaba hacer lo mismo con los ferrocarriles, en cuanto suprimiera el déficit; entregarlos al sindicato de los ferrocarriles. Y había fábricas, como... De la Lanera del Sur... la... no me acuerdo cómo se llama, que ya estaban sobre ese sistema.
La concepción es ésta: un promotor de empresa emplea cien millones para promover una empresa. Hasta que él ha retirado esos cien millones más su interés, esa empresa debe ser exclusivamente de él. Pero cuando ha retirado su capital, más un interés razonable, esa empresa ya no es de él; es de todos los que la trabajan. Esa es la concepción cooperativista de la empresa. Por ese sistema, usted va llevando todo hacia cooperativas; cooperativas donde trabajan patrones, obreros y todos, pero que trabajan en la producción.
Ahora, si eso no se hace en todas las empresas, el Estado, al final tendrá que hacerse cargo de aquellas donde no se ha realizado." [10].
Se trata de una cita tan extensa como instructiva que nos muestra un modo (no el único propuesto por Perón) de llegar gradual e incruentamente a la entrega de los bienes de producción a los trabajadores; recalca la concepción cooperativista-sindical de ese proceso de socialización y, a la vez, recuerda ejemplos concretos con los que el Peronismo en el poder avanzó en ese sentido.


Cooperativas y Peronismo


La concepción de las formas cooperativistas de propiedad como uno de los medios principales de socialización no estatista de la economía es lógica "porque -como recalca Perón- es un ideal justicialista que todo el proceso económico quede en manos de los 'hombres que trabajan' y el sistema cooperativo tiende a ello." [11].
Que no se trata de una mera declaración retórica salta a la vista si comparamos, por ejemplo, las cifras relativas al cooperativismo argentino entre 1946 y 1951. Entre esas fechas, el número de cooperativas pasa de 1.299 a 2.400, el número de asociados de 500.000 a 800.000, el capital suscrito (en millones de m$n) de 95 a 350, y las operaciones efectuadas (también en m$n) de 361 a 2.000. O dicho sea de otro modo: en apenas cinco años el sector cooperativo aumenta en un 100% en su número, en un 60% en asociados, en un 260% del capital suscrito, y en un 440 por ciento de las operaciones realizadas.
Este gigantesco salto se profundiza aún más a partir de 1952 y, sobre todo, con la promulgación del Segundo Plan Quinquenal. En su exposición del 1º de mayo de ese año, el General Perón muestra esa línea estratégica en lo económico:
"Las cooperativas agrarias han merecido nuestro total apoyo, como que ellas son, en la economía social de la doctrina peronista, unidades de acción económica que realizan el acceso de los hombre que trabajan a la posesión total del instrumento y del fruto de sus esfuerzos.
La ayuda crediticia a las cooperativas alcanzó en el quinquenio a la suma de 1.000 millones de pesos y va en progresivo aumento.
Señalo como norma tendida hacia el futuro la de preferir en el crédito a las organizaciones cooperativas sobre las empresas de carácter individual.
Llegaremos progresivamente a dejar en manos de la organización cooperativa agraria todo el proceso económico de la producción.
No debe haber en el país un sólo agricultor que no sea cooperativista, porque la organización cooperativa es al trabajador agrario lo que la organización sindical es al trabajador industrial, sin que esto signifique que la industria no pueda organizarse en forma cooperativa." [12].
La cooperativización-socialización total de los medios de producción es, por lo tanto, un objetivo explícito del Peronismo. Esa cooperativización se concentra en un principio sobre todo en el terreno agrario, por ser ésta un área económica de más fácil socialización y donde, además, existe una notable tradición de organizaciones cooperativas previa al Justicialismo, pero se expande hasta lograr el fin señalado por Juan Domingo Perón: las "cooperativas como unidades básicas justicialistas para la organización nacional de la producción, la industria y el comercio." [13].
Estado Revolucionario
La defensa que el Peronismo hace del modelo cooperativo de organización económica, no puede ni debe confundirse con las fantasías reformistas que sobre las cooperativas tienen grupos pequeñoburgueses como los diversos desprendimientos del Partido Socialista del reputado gorila Juan B. Busto. El Movimiento Nacional de Liberación creado por Perón, al contrario que dichos grupos socialdemócratas, sabe que, aunque parezca una perogrullada recordarlo, el sistema capitalista está creado para que triunfen los capitalistas y, por tanto: "Los fracasos del cooperativismo, en tiempos de la economía capitalista, son explicables y perfectamente lógicos: una cooperativa, exponente perfecto de economía social, no podía conciliar sus intereses ni podía enfrentarse con los monopolios del capitalismo." [14]. Para evitar eso hace falta un ordenamiento político y social, un Estado, que cambie las "reglas de juego" capitalistas y las sustituya por otras de tipo revolucionario, popular, anticapitalista y pro-cooperativista, ya que "indudablemente el movimiento cooperativo no puede ir adelante sin el apoyo del Gobierno. En todas las partes del mundo las cooperativas han fracasado cuando han tenido en contra al Gobierno." [15]. En concreto, ello implica:
1º) Arrebatar a la oligarquía el control sobre los sectores claves de la economía. Según la Constitución Justicialista de 1949, en su artículo 40, esos sectores clave son la importación y exportación, minerales, caídas de agua, yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, así como los servicios públicos. Corresponde su propiedad, en un principio, al Estado aunque, como ya vimos, a medida que avanza el proceso revolucionario parte de esas actividades pueden pasar a manos de los trabajadores del sector por medio de sus cooperativas obreras o sindicatos. Es posible también, como muestra el caso de SEGBA, la existencia de formas intermedias de cogestión obrero-estatal así como empresas con conducción tripartita: Estado-trabajadores-usuarios.
2ª) Una planificación indicativa que, sin caer en los errores centralistas burocráticos de la planificación de tipo estatista-comunista, impida que con el viejo cuento del "mercado libre" acaben manipulando la economía un puñado de grandes empresas extranjeras o nativas: "La cacareada 'libertad de la economía' no ha pasado nunca de ser una ficción, desde que, a la economía o la dirige el Estado o la hacen, en su lugar, los grandes consorcios capitalistas, con la diferencia de que el primero puede hacerlo en beneficio del pueblo; en cambio, los segundos lo hacen generalmente en su perjuicio." [16].
3º) Formas de apoyo directo del Estado a las cooperativas y empresas sindicales, lo que incluye desde apoyo crediticio preferencial hasta la contratación directa por parte del Estado en aquellas tareas que éste suele descargar en las empresas capitalistas. Aquí conviene recordar una directísima afirmación del General Perón ante miembros del Comité Central y delegados regionales de la CGT que visitaron la Residencia Presidencial de Olivos el 9 de agosto de 1950: "El Gobierno está dispuesto a dar a las cooperativas obreras la oportunidad para que hagan negocios que les permitan ganar mucho dinero; en lugar de dárselos, como se hacía antes, a entidades capitalistas.".
4º) El combate en el terreno ideológico contra las supervivencias de la mentalidad individualista burguesa, fomentando el conocimiento de las formas de economía social y cooperativista, especialmente entre la juventud. El Segundo Plan Quinquenal, por ejemplo, en su apartado IV.G.14 sostiene: "La difusión de los principios del cooperativismo y la constitución de cooperativas escolares y estudiantiles serán auspiciadas por el Estado a fin de contribuir a la formación de la conciencia nacional cooperativista y prestar servicios útiles a los alumnos." [17].
Socialización integral
Cuando anteriormente recordábamos que para el General Perón las cooperativas debían tender a convertirse en las "unidades básicas justicialistas para la organización nacional de la producción, la industria y el comercio", queda claro que la socialización-cooperativización que el Peronismo propugna no se reduce al nivel de cada empresa o unidad económica de producción. Esto es así porque si bien la entrega de todas las empresas a sus propios técnicos y trabajadores autoorganizados en cooperativas, impide tanto la explotación del hombre por el hombre (capitalismo), como la explotación del hombre por el Estado (comunismo) no por ello resuelve todos los problemas de la economía. Para empezar, no asegura la igualdad de oportunidades puesto que existen sectores económicos más productivos que otros y, dentro de cada sector económico, empresas más grandes y más chicas, más modernas y más atrasadas, etc. Tampoco se garantiza una real solidaridad nacional desde el momento en que si esas empresas cooperativizadas se desenvuelven en el marco de una economía de mercado necesariamente se provocará una brutal competencia entre las empresas, considerando cada colectivo obrero o cooperativa un rival en la búsqueda del beneficio a los otros colectivos obreros cooperativos.
Para evitar esos posibles efectos negativos el General Perón impulsa no cooperativas aisladas sino "la unversalización de la organización cooperativa" [18] mediante la Federación de Cooperativas de cada rama de producción. Éstas, estructuradas democráticamente y desde abajo hacia arriba, permiten que cada empresa sea gestionada de un modo directo y sin burocracias externas por sus propios técnicos y trabajadores, pero, a la vez, crea canales solidarios de redistribución de los beneficios generales para apoyar a aquellas cooperativas obreras asociadas que, por diversas razones, tienen que sufrir desventajas objetivas ajenas al trabajo o la gestión de su colectivo laboral: implantación en provincias alejadas del circuito comercial, catástrofes naturales...
Hay que resaltar que, como detalla Perón el 13 de octubre de 1952 en una exposición ante representantes de las cooperativas agropecuarias, esas Federaciones de Cooperativas no engloban sólo a una rama económica sino que participan de un modo directo en todo el proceso productivo y de comercialización. En el caso de esas mismas cooperativas agrarias, Perón propugna concretamente los siguientes campos de acción:
"El gobierno aspira a que las cooperativas agropecuarias constituyan las unidades básicas de la economía social agraria y participen, primero: en el proceso colonizador y en la acción estatal tendiente a lograr la redistribución de la tierra en unidades económicas sociales adecuadas. Segundo: que participen en el proceso productivo mediante la utilización racional de los elementos básicos del trabajo agropecuario: maquinaria agrícola, galpones ferroviarios, silos, elevadores de granos, semillas, etc., etc. Tercero: que participen también en el proceso interno de comercialización de las cosechas de sus asociados, para lo cual el Estado auspiciará el acceso de los productores organizados a los centros de consumo, mercados oficiales, proveedurías, etc. Cuarto: que participen en el proceso de la industrialización regional primaria de la producción agropecuaria de sus asociados. Sexto: que participen en la acción estatal tendiente a suprimir toda intermediación comercial innecesaria. Séptimo: que participen en la fijación de precios básicos y precios diferenciales que se fijarán a favor de las cooperativas agropecuarias. Octavo: que participen en la redistribución de los márgenes de utilidad que se obtengan con motivo de la comercialización. Noveno: que participen en la acción social directa a cumplirse en forma integral en beneficio de los productores agropecuarios; y, décimo: el Estado auspicia la organización de un sistema nacional unitario de cooperativas de productores agropecuarios que represente a todos los productores del país y defienda sus intereses económicos y sociales." [19].
Se trata, por lo tanto, de una estructuración integral de la economía que, partiendo de las cooperativas autónomas y descentralizadas, engloba el proceso de producción en su conjunto, racionalizando ese mismo proceso productivo, abaratando costos e impidiendo que cada sector de la cadena productiva y de comercialización compita con los otros. Con decir que para el Líder Justicialista "el gobierno está dispuesto a prestar la ayuda más extraordinaria para que las cooperativas instalen sus propias fabricaciones de herramientas y maquinarias agrarias" [20], está todo dicho. Cada Federación de Cooperativas o "Sistema Nacional Unitario de Cooperativas" además de englobar a todas las cooperativas de ese sector económico, coordina el proceso de producción en su conjunto: desde la producción propiamente dicha a la comercialización, pasando por el transporte y hasta la fabricación de bienes y elementos necesarios.


Empresas sindicales


Las cooperativas federadas no son el único método de socialización impulsado por el Peronismo. En la antes citada entrevista concedida por el General Perón a Carlos María Gutiérrez, el creador del Peronismo menciona un tipo especial de cooperativas: la cooperativa de sindicatos. En éstas, la coordinación de las distintas empresas cooperativizadas se da mediante la organización sindical que, de un modo natural, alcanza a toda la rama de producción. Se alcanza así la vieja tesis del sindicalismo revolucionario, que tanta influencia tuviera en el Movimiento Obrero pre-peronista, y que desde la Carta de Amiens (1916) había proclamado que "el sindicato actualmente nada más que un grupo de resistencia, será en el futuro responsable de la producción y distribución, bases de la organización social" [21]. Como ese modelo de cooperativización sindicalista es más fácil de aplicar en la industria, sector más importante de la economía argentina, es por ello lógico que sea ese mismo modelo el que tienda a predominar en el ideario peronista de tal manera que Perón llega a definir al Estado Peronista futuro como un "Estado Sindicalista" [22].
Las cooperativas o empresas sindicales han sido denominadas a veces también como "Empresas Comunitarias". En "Fundamentos de Doctrina Nacional Justicialista", texto de la "Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista" (entre paréntesis, entidad nada sospechosa de "desviaciones izquierdistas") se define de la siguiente forma a la Empresa Comunitaria:
"Considerada en su aspecto funcional, la empresa es una comunidad jerarquizada de productores, diversamente especializados, que aúnan esfuerzos para fabricar determinado artículo o prestar determinado servicio, valiéndose para ello de las herramientas o máquinas que impone la técnica moderna.
Considerada, por el contrario, en su aspecto legal, esta misma empresa no pasa, hoy en día, de un mero capital que compra máquinas, materias primas y trabajo. Pura ficción. Pues si con un golpe de varita mágica se suprimieran los dueños del capital, la empresa seguiría funcionando sin la menor perturbación, mientras que pararía y desaparecería si se eliminasen los productores.
No basta, por lo tanto, mejorar el nivel de vida del proletariado. No basta dar al productor el lugar que le corresponde en la Comunidad. No resuelve nada cambiar el sistema capitalista sustituyendo la oligarquía burguesa por una oligarquía burocrática. Lo que hace falta es suprimir el salariado, devolviendo a la empresa, aprehendida en su realidad orgánica, la posesión y, de ser posible, la propiedad de su capital, así como la libre disposición del fruto de su trabajo.
Cualquier ente social -individuo, grupo o comunidad- tiene el derecho natural de poseer los bienes que le son imprescindibles para subsistir y realizarse plenamente. El municipio, por ejemplo, tiene naturalmente derecho a la propiedad de la vía pública o de la red de alumbrado. El municipio en sí, no la suma de sus habitantes. Cuando alguien viene a instalarse en una ciudad, no tiene que comprar su parte de calle ni de usina; ni la vende cuando se va. La empresa es también un ente social independiente de sus integrantes individuales del momento. Es ella la que tiene que ser dueña de su capital, al que encontrará y usufructuará el productor entrante y dejará para sucesor el productor saliente. Esto vale tanto para la empresa industrial como para la empresa agropecuaria. Los reformistas pequeños burgueses que quieren lotear las unidades orgánicas de nuestro campo fomentan el minifundio y la miseria. La tierra debe ser de quienes la trabajan, como las máquinas de quienes trabajan con ellas. Tal principio no supone, en absoluto, el parcelamiento de la propiedad de los instrumentos de la producción, sino la supresión de la propiedad individualista de bienes que otros -individuos o grupos- necesitan. O sea la supresión del parasitismo en todas sus formas.
Eliminado el parasitismo capitalista, las clases desaparecerán 'ipso facto'. No habrá más burgueses ni proletarios, sino productores funcionalmente organizados y jerarquizados en sus empresas.
El gremio perderá entonces el carácter clasista que le ha impuesto una lucha necesaria cuya responsabilidad no lleva y volverá a convertirse en una federación de empresas comunitarias, con el patrimonio asistencial que necesita y los poderes legislativo y judicial que definirán sus fueros. En cada gremio, un banco distribuirá el crédito entre las empresas, dentro del marco de la planificación y conducción económica del Estado nacional.
La Revolución Justicialista no busca, pues, llegar a una componencia entre capitalismo individualista y capitalismo estatal, ni 'mejorar las relaciones entre capital y trabajo'. Repudia íntegramente cualquier forma de explotación del hombre por el hombre y quiere volver, en todos los campos, al orden social natural. Es éste el sentido de nuestra Tercera Posición." [23].
Las cooperativas sindicales o empresas comunitarias, por lo tanto, coinciden con las cooperativas "tradicionales" en que la propiedad no pertenece a un capitalista individual burgués o al Estado-patrono, pero, a la vez, se diferencian de esas mismas cooperativas en que la propiedad no es divisible ya que pertenece íntegramente a la comunidad laboral de técnicos y trabajadores que las componen. Además, volvemos a recalcarlo, la solución peronista no es sólo a nivel microeconómico (socialización de la empresa) sino también a nivel macroeconómico (socialización global de la economía).


Conducción económica de la Nación


Lo que denominamos socialización "global" o "integral" de la economía es otro de los rasgos que diferencia al Peronismo tanto del capitalismo como del comunismo. Para el General Perón:
"La doctrina económica que sustentamos establece claramente que la conducción económica de un país no debe ser realizada individualmente, que esto conduce a la dictadura económica de los trusts y monopolios capitalistas. Tampoco debe ser realizada por el Estado, que convierte la actividad económica en burocracia, paralizando el juego de sus movimientos naturales. El Justicialismo, siempre en su tercera posición ideológica, sostiene que la conducción económica de la Nación debe ser realizada conjuntamente por el gobierno y por los interesados, que son los productores, comerciantes, industriales, los trabajadores y aun los consumidores; ¡vale decir, por el gobierno y por el pueblo organizado! Mientras esto no se realice plenamente, el gobierno cometerá los errores propios de toda conducción unilateral y arbitraria por más buena voluntad que tenga." [24].
Estas indicaciones, que se refieren a la etapa de transición del Peronismo (cuando aún existe un importante sector económico privado), no suponen, ni mucho menos, que el Líder de la Revolución Nacional argentina oculte el objetivo final anticapitalista de su proyecto. De ahí que, a continuación de lo anterior, aclare:
"Nosotros queremos compartir con los intereses privados la conducción económica de la República, pero exigimos que esos intereses se coloquen en la línea peronista que apunta a nuestros dos grandes objetivos económicos: la economía social y la independencia económica, porque ellos son mandato soberano que el pueblo nos ha impuesto y que nosotros tenemos que cumplir de cualquier manera: con la colaboración de las fuerzas económicas si es posible, o enfrentándolas, si ellas no quieren compartir con nosotros el mandato del pueblo soberano. En esta tierra no reconocemos, señores, más que una sola fuerza soberana: la del pueblo. Todas las demás están para servirla. Cualquiera que intente invertir este valor fundamental está, por ese solo hecho, atentando contra el primero, básico y esencial principio del peronismo; atenta, por lo tanto, contra el pueblo y está, por otra parte, fuera de la Constitución Nacional que rige el derrotero de la República (...) Es necesario que nadie se llame a engaño: la economía capitalista no tiene nada que hacer en nuestra tierra. Sus últimos reductos serán para nosotros objeto de implacable destrucción." [25].
La conclusión es que, ya sea con la participación de las organizaciones empresariales (en la etapa de transición) o sin ellas (cuando el Peronismo ha logrado su objetivo económico de entregar los medios de producción a los propios trabajadores autoorganizados), existe una planificación democrática e indicativa en la que participan el gobierno, los trabajadores (mediante los sindicatos, federaciones de cooperativas y de empresas comunitarias), organizaciones de usuarios de servicios y consumidores y todo tipo de organizaciones libres del Pueblo. Se evitan así los errores burocráticos de una planificación burocrática y ultracentralizada como la comunista y, por otro lado, se da un margen de maniobra relativamente grande al mercado [26].


Estado Sindicalista


Pero no sólo el Estado Justicialista va delegando gradualmente funciones económicas en las organizaciones de trabajadores. De hecho el Peronismo apunta a la socialización de la economía y del poder por lo que esas mismas organizaciones de trabajadores, federadas democráticamente desde la empresa hasta subir a nivel nacional, acaban asumiendo la representación y control político gradual del país:
"La representación política tiene una función esencial que cumplir en el juego de la verdadera democracia que nosotros propugnamos. Pero también sostengo, como un principio indiscutible que emana de la experiencia política de los últimos tiempos, entre nosotros y en el mundo entero, que tan esenciales como las organizaciones políticas son, en el juego de la verdadera democracia, las organizaciones sindicales. No existe contradicción en nuestra doctrina cuando afirmamos que éste indudablemente es un momento de transición de los Estados políticos a los Estados de estructura sindical (...) La afirmación del derecho a la cooperación con el gobierno del país que nosotros reconocemos, propugnamos y realizamos para las organizaciones sindicales no excluye el derecho de ningún otro argentino; pero en la misma medida en que todos los ciudadanos del país vayan integrando la única clase de argentinos que debe existir en esta tierra: la clase de hombres que trabajan, la representación política dejará de serlo en el antiguo y desprestigiado sentido de la palabra, para adquirir el nuevo sentido peronista de su dignidad." [27].
La socialización de la economía y del poder, por lo tanto, van íntimamente ligadas y, como sagazmente afirmará Perón en un texto de 1968, ambos aspectos no se pueden jamás desligar ya que, en última instancia, los partidos demoliberales (instrumentos burgueses de deformación y control de la voluntad popular) son una consecuencia del capitalismo y, por lo tanto, sin acabar con el capitalismo es imposible sustituirlos por un nuevo y más efectivo tipo de democracia de los trabajadores:
"Los que saben 'tomar el rábano por las hojas' y son partidarios de erradicar la política, suelen intentar hacerlo por decreto, sin percatarse que es muy difícil 'matar a nadie por decreto' cuando las causas siguen generando sus efectos, porque poca importancia tiene la existencia legal cuando está sometida la existencia real. Para que desaparezcan las entidades demoliberales, es preciso que antes desaparezca el demoliberalismo. En el mundo de nuestros días, al desaparecer paulatinamente el sistema capitalista, vienen desapareciendo también los partidos demoliberales, que son su consecuencia. Resulta lo más anacrónico cuando se atenta contra esas formaciones políticas mientras por otro lado se trata de afirmar por todos los medios el sistema que los justifica. La intención de dejar a los pueblos sin ninguna representación no es nueva ni es original porque todas las dictaduras lo intentan, pero la Historia demuestra elocuentemente que, cuando ello se produce, las consecuencias suelen ser funestas para las mismas dictaduras que lo promueven." [28].
Al contrario que el demoliberalismo capitalista y burgués, el Peronismo busca "una democracia directa y expeditiva" [29], pero a ella no se llega por dictaduras totalitarias de tipo fascista o marxista, sino por la profundización de esa misma democracia política y su extensión al terreno económico mediante la socialización directa (y no estatista) de los medios de producción. Se trata evidentemente, de un proceso largo, complejo y gradual del que, con sincera modestia, Perón reconoce haber iniciado tan sólo los primeros pasos:
"Entre lo político y lo social el mundo se encuentra en un estado de transición. Tenemos la mitad sobre el cuerpo social y la otra mitad sobre el cuerpo político. El mundo se desplaza de lo político a lo social. Nosotros no estamos decididamente ni en un campo ni en el otro; estamos asistiendo al final de la organización política y al comienzo de la organización social (...) Es decir, todo ese proceso se va realizando. Yo no puedo abandonar el partido político para reemplazarlo por el movimiento social. Tampoco puedo reemplazar el movimiento social por el político. Los dos son indispensables. Si esa evolución continúa, nosotros continuaremos ayudando a la evolución. Cuando llegue el momento propicio le haremos un entierro de primera, con seis caballo, al partido político y llegaremos a otra organización. Pero estamos en marcha hacia el Estado Sindicalista, no tengan la menor duda." [30].
La democracia fabril y la autogestión de la economía irá, por lo tanto, sustituyendo gradualmente a los partidos políticos que no tienen porqué ser prohibidos o ilegalizados ya que, dejados de lado por los ciudadanos-productores, lanquidecerán y desaparecerán como cáscaras vacías.


¿Utopía Peronista?


¿Hasta qué punto puede llegar esa socialización de la economía y el poder propugnada por el Peronismo? De hecho el General Perón, y con él la mayoría de teóricos justicialistas, se han negado siempre a elaborar complejísimas elucubraciones al respecto por ser revolucionarios y no utopistas o futurólogos. Además:
"La apelación a la utopía es, con frecuencia, un cómodo pretexto cuando se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario; vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas. También es frecuente presentar situaciones utópicas para hacer fracasar auténticos procesos revolucionarios.
Nuestro modelo político propone el ideal no utópico de realizar dos tareas permanentes: acercar la realidad al ideal y revisar la validez de ese ideal para mantenerlo abierto a la realidad del futuro." [31].
Desde esa perspectiva, desde la visión de un modelo "ideal" al que acercar la realidad y a revisar a la luz de esa misma realidad, puede ser de cierto interés la descripción que del socialismo nacional peronista hace, en la década de los 70, la hoy desaparecida "Tendencia Nacional y Popular del Peronismo":
"El socialismo nacional es el proyecto dentro del cual el pueblo argentino ejercerá un poder decisivo por sí y ante sí en los niveles del Estado, la empresa y la universidad a través del control obrero de los medios de producción, de comunicación y de educación. Es un socialismo de autogestión en el que cada fábrica, cada taller, cada laboratorio, aula o biblioteca se transforma en una célula política con poder de crítica y de control sobre la planificación nacional y la acción política interior y exterior. El socialismo nacional es la democratización absoluta del aparato informativo y la apertura integral de la capacitación técnica a la masa obrera. Es la formación de un partido capaz de emitir todos los impulsos ideológicos necesarios para que en cada momento del proceso el pueblo esté presente, real e intensamente, en la elaboración de las supremas decisiones nacionales. Es la asamblea del pueblo que transforma esos impulsos en leyes populares. Es el Estado técnico-planificador que concierta toda la actividad informativa y prospectiva desde y hacia las estructuras sociales y económicas descentralizadas. Socialismo nacional significa plena vigencia de la opinión comunitaria a través de consejos de producción, servicios y educación. Es la empresa bajo control del colectivo obrero. Es la universidad gobernada por profesores revolucionarios, investigadores y estudiantes. Es la alianza de la universidad y la empresa socializada y sometida al régimen de autogestión. Socialismo nacional es, en suma, participación total, justicia para los trabajadores y dominio del pueblo de todos los resortes de acción política." [32].


Peronismo de los trabajadores


Críticas de detalle al margen, el texto anterior puede considerarse una interesante aproximación a una economía peronista plenamente realizada aunque, volvemos a repetirlo, si en el Peronismo no abundan descripciones detalladas de ese tipo es porqué, a imitación de su fundador, la tarea esencial es imponer en la práctica un modelo político, económico y social que parta de la realidad actual para crear esa realidad nueva. Una realidad que, en un principio, no es aún socialista sino nacional y popular ya que la Argentina preperonista (como reconoce el propio Lenin en su célebre "El Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo" [33]) era una virtual "colonia comercial" británica. Por ello mismo, y sin necesidad de basarse en textos extranjeros, Perón afirma tajantemente que la tarea previa de cualquier revolucionario no era y no es otra que lograr quebrar esas cadenas imperialistas y recuperar la autodeterminación nacional, ya sea frente al imperialismo inglés del pasado o el imperialismo yanqui actual, que recolonizó la Argentina precisamente a partir del derrocamiento militar del Gobierno Popular Peronista en 1955:
"La felicidad de nuestro Pueblo y la felicidad de todos los pueblos de la tierra, exigen que las naciones cuya vida constituyen sean socialmente justas. Y la justicia social exige, a su vez, que el uso y la propiedad de los bienes que forman el patrimonio de la comunidad se distribuyan con equidad. Pero mal puede distribuir equitativamente los bienes de la comunidad un país cuyos intereses son manejados desde el exterior por empresas ajenas a la vida y al espíritu del Pueblo cuya explotación realizan. ¡La felicidad del Pueblo exige, pues, la independencia económica del país como primera e ineludible condición!" [34].
Consecuencia lógica del carácter antiimperialista de la revolución argentina durante su primera etapa es que la contradicción central no es "socialismo o capitalismo" sino "Patria o colonia", "Nación o Imperio", "Liberación o Dependencia". Sectores patrióticos y antiimperialistas, aunque no necesariamente defensores de un socialismo nacional tal cual lo entendía el General Perón, pueden y deben participar activamente en ese verdadero Movimiento Nacional de Liberación que es el Peronismo. Más aún, toda la historia del Peronismo puede reducirse a un esfuerzo doble, genialmente ejemplificado por la conducción de Perón: de un lado ampliar al máximo el Peronismo y su campo político y social de influencia; de otro lado generar los "anticuerpos" organizativos e ideológicos de masas suficientes como para que esa misma amplitud no acabe generando desviacionismos de "derecha" o de "izquierda", o frenando el impulso revolucionario del Movimiento de masas. Y aquí viene como anillo al dedo recordar una de las más conocidas cartas del General Perón a la Juventud Peronista:
"No intentamos de ninguna manera sustituir a un hombre por otro; sino un sistema por otro sistema. No buscamos el triunfo de un hombre o de otro, sino el triunfo de una clase mayoritaria, y que conforma el Pueblo Argentino: la clase trabajadora. Y porque buscamos el poder, para esa clase mayoritaria, es que debemos prevenirnos contra el posible 'espíritu revolucionario' de la burguesía. Para la burguesía, la toma del poder significa el fin de su revolución. Para el proletariado -la clase trabajadora de todo el país- la toma del poder es el principio de esta revolución que anhelamos, para el cambio total de las viejas y caducas estructuras demoliberales. (...) Si realmente trabajamos por la Liberación de la Patria, si realmente comprendemos la enorme responsabilidad que ya pesa sobre nuestra juventud debemos insistir en todo lo señalado. Es fundamental que nuestros jóvenes comprendan, que deben tener siempre presente en la lucha y en la preparación de la organización que: es imposible la coexistencia pacífica entre las clases oprimidas y opresoras. Nos hemos planteado la tarea fundamental de triunfar sobre los explotadores, aun si ellos están infiltrados en nuestro propio movimiento político." [35].
La Tercera Posición justicialista no es, por lo tanto, un pálido capitalismo reformista "de rostro humano" ni una mezcla arbitraria de capitalismo y marxismo. Es una solución revolucionaria e integral:
"El objetivo central de la 'Tercera Posición' puede resumirse así: 'Socializar sin disolver la personalidad, socializar sin extinguir la independencia de la conciencia individual frente al estado, socializar sin confundir totalmente individuo y sociedad, sociedad y estado." [36].
El General Perón, con su lenguaje siempre más sencillo y comprensible, lo sabrá decir de otra forma:
"No todo es pan en esta vida. El trabajador debe no sólamente sembrar el trigo y amanasar el pan sino conquistar una posición, desde la cual puede dirigir la plantación y la fabricación del pan." [37].


Vigencia revolucionaria del Peronismo


En 1983, a poco de recuperar la democracia política en la Argentina, un estudioso del Justicialismo aseguraba con notable perspicacia sobre el Movimiento Peronista:
"En el aspecto ideológico se presentan, en términos sintéticos, tres grandes opciones: a) la de la alvearización bajo el modelo de un partido de inspiración social-cristiana o laborista, ésta última con cierta tradición en el Movimiento; b) la opción por el partido de vanguardia, contenida en las formulaciones del proyecto foquista guerrillero; c) la orientación hacia una democracia autogestionaria de los trabajadores que parte de las experiencias de lucha del justicialismo para articular democracia, lucha obrera y cuestión nacional." [38].
Dichas opciones, a grosso modo, se corresponden con tres interpretaciones históricas diferentes sobre la Doctrina Peronista:
a) Aquellos que se conforman con una reedición más o menos actualizada del periodo 1944-55, es decir: un capitalismo nacional autónomo, independiente con respecto al imperialismo, con fuertes rasgos democrático-populares y altamente distributivo. En esta visión que podríamos denominar "histórica" o "tradicional" del Peronismo deben ubicarso no sólo las fracciones "social-cristiana", "socialdemócrata" o "laborista", sino también ciertas corrientes "nacionalistas", incluso "fascistizantes" (que desdeñan los aspectos democráticos del pensamiento de Perón) o el autodenominado "nacionalismo popular revolucionario peronista", formalmente más "izquierdista" y en la práctica más combativo pero que, respecto a sus objetivos finales, no supera los límites de todo este espacio peronista.
b) El Peronismo fuertemente "heterodoxo" continuador de la pequeña burguesía peronizada en la decada del '60 y que, en diferentes grados y proporciones intenta amalgamar Peronismo y elementos ideológicos extraños a la tradición justicialista: planteamientos filocastristas o maoizantes, foquismo, "nueva izquierda" de los '60, etc. Esta corriente, hoy muy debilitada tras la derrota montonera, intenta ir más allá de la experiencia de 1945-55 pero el Socialismo Nacional que propugna tiene excesiva influencia marxista por lo que choca con la "lógica" del grueso del Peronismo que, generalmente con razón, tiende a visualizarlo como excesivamente en los bordes del Peronismo, con un pié dentro y otro en dirección a las sectas antiperonistas.
c) Quienes entienden que el desarrollo natural del Peronismo es una "democracia autogestionaria de los trabajadores" surgida no por introducción de una ideología o construcción teórica ajena al Peronismo sino como desarrollo de los planteamientos teóricos del propio General Perón y de la experiencia y memoria histórica del conjunto del Movimiento (y no sólo de fracciones internas "de vanguardia"). Esta corriente, por su mismo apego al "sentido común" de las bases y cuadros históricos del Peronismo y, además, ante la bancarrota histórica del marxismo (que salpica a la "izquierda peronista") neo o postmoderna, es la única que, hoy por hoy, puede hegemonizar a la militancia más combativa y consecuente del Movimiento, impidiendo la reedición de enfrentamientos fraticidas internos como los de la década del '70. Más aún, como esta corriente "revolucionaria ortodoxa" o "revolucinaria tercerista" (por reivindicar explícitamente el anticapitalismo del Peronismo, pero también su antimarxismo) surge de la "profundización" del Peronismo "tradicional" y no, como en el caso del montonerismo, de su negación, su posibilidad de desarrollo es enorme; en especial porqué ante una camarilla liberal que usurpa la conducción del Justicialismo pero niega todos sus postulados históricos (nos referimos, obviamente al menemismo) todos los sectores del Peronismo pueden actuar en conjunto durante un largo tiempo más allá de sus matices: "laboristas", "social-cristianos", "socialdemócratas", "nacionalistas", "nacionalistas populares revolucionarios" y "terceristas revolucionarios". El crecimiento de esta última tendencia depende, por lo tanto, más que de la prédica diferenciadora e ideologista, de la conducción práctica de todas y cada una de las luchas y su resultado organizativo.
Notas
1. Este Preámbulo puede consultarse en Julio Godio, El Movimiento Obrero Argentino (1943-1955), Ed. Legasa, Bs. As., 1990, pp. 211 y ss. 2. Juan Domingo Perón, Mensaje del Presidente de la Nación Argentina General Juan Domingo Perón al inaugurar el 86º Periodo Ordinario de Sesiones del Honorable Congreso Nacional, Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación, 1952, pp. 125-126. 3. Julio Meinville, Política Argentina 1949-1956, p. 284 (artículo del 29 de junio de 1951). 4. Juan Domingo Perón, op. cit., p. 47. 5. El término "autogestión" fue introducido en Francia a fines de los años 60 para designar un modo de socialismo no estatista, caracterizado por la "gestión directa" de la empresa por sus propios trabajadores, y no por los capitalistas privados o el Estado. Junto a esa concepción "restringida" de la autogestión (económica y reducida a nivel de empresa) existe otra concepción más amplia, y también más próxima al pensamiento del General Perón, que entiende la autogestión no sólo en el plano económico sino también, y a la vez, en el terreno político; socialización de la economía y el poder. La autogestión "integral" tiene entre sus antecedentes a diversas expresiones no marxistas del Movimiento Obrero europeo (asociacionismo de Proudhon, socialismo utópico de Fourier, anarcosindicalismo y sindicalismo revolucionario español, italiano y francés, guildismo inglés), corrientes marxistas diferenciadas del stalinismo y el trotskismo (consejistas, "titismo" yugoeslavo), pensadores revolucionarios cristianos (Mounier, Lebret) y ciertos Movimientos de Liberación del Tercer Mundo (el Frente de Liberación Nacional argelino durante la etapa de Ben Bella, la "Ujamaa" de Nyerere en Tanzania, la Revolución Nacional de Velasco Alvarado en Perú, determinados planteamientos del General Torrijos en Panamá, etc.). Se tratan, en todo caso, de diversos modelos nacionales que, hasta el momento, no se han consolidado por razones de orden político: relación de fuerzas nacional e internacional, etc. 6. Cristián Buchrucker, Nacionalismo y Peronismo, Ed. Sudamericana, Bs. As., 1987, p. 318. 7. J.D. Perón, La Fuerza es el Derecho de las Bestias, 1958, p. 14. 8. Eva Perón, "Historia del Peronismo" (curso de 1951), en Clases y Escritos Completos (1946-1955), Ed. Megafón, Bs. As., 1987, Tomo III, p. 98. 9. Juan Domingo Perón, Breve Historia de la Problemática Argentina, Ed. Claridad, Bs. As., 1989, p. 151 (transcripción de una serie de entrevistas concedidas a Eugenio P. Rom en 1967). 10. Juan Domingo Perón en Carlos María Gutiérrez, Reportaje a Perón. Diálogo sobre la Argentina Ocupada, Schapire Editor, Bs. As., 1974, p. 79. 11. Juan Domingo Perón, Mensaje del Presidente..., op. cit., p. 83. 12. Ibid., pp. 82-83. 13. Ibid., p. 57. 14. Ibid., p. 38. 15. Juan Domingo Perón, discurso ante horticultores bonaerenses en la Casa de Gobierno, 21 de septiembre de 1951. 16. Juan Domingo Perón, Los Vendepatria. Las pruebas de una Traición, Ed. Freeland, Bs. As., 1974, p. 166 (la primera edición es de 1957) 17. 2º Plan Quinquenal, Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación, Bs. As., 1953, p. 89. 18. Juan Domingo Perón, discurso ante representantes de cooperativas agrarias, 13 de octubre de 1952. Reproducido íntegramente en Mundo Peronista, Bs. As., n. 33, 15 de noviembre de 1952, p. 44. 19. Ibid., pp. 44-45. 20. Ibid., p. 45. 21. La progresiva "nacionalización" del Movimiento Obrero Argentino en el periodo de la "Década Infame" y su posterior influencia en el naciente Peronismo puede comprobarse en Hiroshi Matsushita, Movimiento Obrero Argentino (1930- 1945), Hyspamérica, Bs. As., 1983. 22. Sobre la influencia de la doctrina sindicalista revolucionaria en el Peronismo y el concepto de "Estado Sindicalista" en el General Perón ver la segunda parte del presente estudio: Sindicalismo Revolucionario Peronista, Ed. Guerra Gaucha, Bs. As. 23. Escuela Superior de Conducción Política del Movimiento Nacional Justicialista, Fundamentos de Doctrina Nacional Justicialista, Eds. Realidad Política, Bs. As., 1985, pp. 103-104. 24. Juan Domingo Perón, Mensaje del Presidente..., op. cit., p. 67. 25. Ibid. pp. 68-69. 26. No se trata, obviamente, del delirio liberal-menemista de la "economía popular de mercado", versión disfrazada de la "economía social (?) de mercado" del infame Alsogaray. Sin embargo, en experiencias socialistas autogestionarias bastante desarrolladas, como es el caso de la Yugoslavia de Tito, la práctica demostró la imposibilidad de una planificación total y la necesidad, dentro de una planificación indicativa, de ciertas formas de mercado libre que, al no existir grandes monopolios ni diferencias económicas destacadas, es realmente eso: libre. Ver D. Bilandzic y S. Tokovic, Autogestión (1950-1976), El Cid Editor, Bs. As., 1976. 27. Juan Domingo Perón, Mensaje al Presidente..., op. cit.. pp. 122-123. 28. Juan Domingo Perón, La Hora de los Pueblos, Ed. Distribuidora Baires, Bs. As., 1974, p. 130 (la primera edición es de 1968). 29. "Por otra parte, la democracia de nuestro tiempo no puede ser estática, desarrollada en grupos cerrados de dominadores por herencia o por fortuna, sino dinámica y en expansión para dar cabida y sentido a las crecientes multitudes que van igualando sus condiciones y posibilidades a las de los grupos privilegiados. Esas masas ascendentes reclaman una democracia directa y expeditiva que las viejas ya no pueden ofrecerles", Ibid., p. 14. 30. Juan Domingo Perón, discurso ante escritores asociados a la Confederación Argentina de Intelectuales, reproducido por Hechos e Ideas, Bs. As., n. 77, agosto de 1950. 31. Juan Domingo Perón, Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, Ediciones Realidad Política, Bs. Aires, 1986, p. 88 (esta obra es el discurso pronunciado el 1º de mayo de 1974 por el General Perón ante la Asamblea Legislativa al inaugurar el 99º periodo de sesiones ordinarias del Congreso, así como el proyecto que presentó al mismo). 32. Este manifiesto, de junio de 1972, se encuentra reproducido como anexo en varios autores, Peronismo: de la Reforma a la Revolución, A. Peña Lillo Editor, Bs. As., 1972, pp. 187 y ss. 33. "No sólo existen los dos grupos fundamentales de países -los que poseen colonias y las colonias-, sino también, es característico de la época, las formas variadas de países dependientes que desde un punto de vista formal, son políticamente independientes, pero que en realidad se hallan envueltos en las redes de la dependencia financiera y diplomática. A una de estas formas de dependencia, la semicolonia, ya nos hemos referido. Un ejemplo de otra forma lo proporciona la Argentina.", V. I. Lenin, El Imperialismo, Etapa Superior del Capitalismo, Ed. Anteo, Bs. As., 1975, pp. 105-106. La edición original es de 1916. 34. Juan Domingo Perón, Mensaje del Presidente..., op. cit., p. 31. 35. Carta de Juan Domingo Perón a la Juventud Peronista, octubre de 1965. Reproducida en Roberto Baschetti, Documentos de la Resistencia Peronista (1955-1970), Puntosur Eds., Bs. As., 1988, pp. 222-223. 36. Salvador Ferla, La Tercera Posición Ideológica y Apreciaciones Sobre el Retorno de Perón, Ed. Meridiano, Bs. As., 1974, p. 23. 37. Juan Domingo Perón, discurso ante representantes obreros, 24 de febrero de 1949. Citado en Habla Perón (selección de textos), Ed. Realidad Política, Bs. As., 1984, p. 106. 38. Jorge Luis Bernetti, El Peronismo de la Victoria, Ed. Legasa, Bs. As., 1983, pp. 210-211. Por "alverización" se entiende un proceso de "domesticación" e integración al Sistema, similar al que Alvear realizará con la Unión Cívica Radical a la muerte de Hipólito Yrigoyen.

China acepta reunirse con el emisario del Dalai Lama (algo hemos conseguido)


No hay que tirar las campanas al vuelo, pero que China acceda a dialogar con el que antaño definía como títere del imperialismo refleja que algo han conseguido las movilizaciones de y a favor del pueblo tibetano.


El Gobierno chino espera que el líder espiritual del Tíbet tome decisiones creíbles para frenar las actividades destinadas a separar el país
Miembros del Gobierno central chino tienen previsto reunirse en los próximos días con el representante privado del Dalai Lama, líder espiritual y político tibetano en el exilio, señaló hoy la agencia oficial de noticias Xinhua citando fuentes oficiales anónimas. "A la vista de las reiteradas peticiones realizadas por el Dalai Lama para reanudar el diálogo, los departamentos pertinentes del Gobierno central mantendrán contacto y consultas con el representante privado del Dalai Lama en los próximos días", señaló un funcionario.
Estrella Digital/EFEPekín (China)


El esperado encuentro se produce después de que en marzo pasado el Tíbet registrara sus más dramáticas protestas en dos décadas, reprimidas posteriormente por el Gobierno chino, lo que ha desencadenado manifestaciones contra Pekín e interrupciones en el recorrido de la llama olímpica de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 en Londres, París y San Francisco.
"La política del Gobierno central hacia el Dalai Lama ha sido coherente y la puerta del diálogo ha permanecido abierta", añadió la fuente citada por Xinhua.
"Se espera que a través de estos contactos y consultas, el Dalai tome decisiones creíbles para frenar las actividades destinadas a separar China, que deje de tramar para incitar a la violencia y de interrumpir y sabotear los Juegos Olímpicos de Pekín, de cara a crear condiciones para el diálogo", señaló el funcionario.
China acusa al Dalai Lama de buscar la independencia del Tíbet y de haber instigado las protestas del 14 de marzo, en las que, según el Gobierno, murió una veintena de civiles a manos de tibetanos violentos y, según los activistas tibetanos en el exilio, fueron un centenar los muertos por la posterior represión militar china.
El líder espiritual, exiliado en la India desde 1959 tras fracasar un levantamiento contra el poder comunista chino, renunció en los últimos años a pedir la independencia del Tíbet, y ha negado reiteradamente su responsabilidad en las revueltas de marzo.
Conflicto en Pekín
El anuncio se produce después de que el presidente de la Comisión Europea, Jose Manuel Barroso, señalara hoy en Pekín que se sentía "animado" sobre el conflicto tibetano tras mantener un encuentro con el primer ministro chino, Wen Jiabao.
"Estoy particularmente animado por nuestro intercambio de opiniones sobre el Tíbet. Espero ver un progreso positivo pronto", señaló Barroso a los medios.
Desde la revuelta de marzo, el Gobierno chino cerró la región autónoma al exterior, por lo que ni periodistas ni observadores han podido acceder al Tíbet para esclarecer lo ocurrido, y sólo ayer Pekín decidió reabrirla al turismo chino.
La reacción del Gobierno para con el Tíbet, que según analistas está destinada a no demostrar flaqueza ante su población tras la protesta, ha causado críticas de gobiernos occidentales, como el francés, y de grupos defensores de los derechos humanos que llaman a un boicot a los Juegos Olímpicos de agosto próximo.
Esta actitud ha producido por parte del Gobierno y de la población chinos una reacción patriótica, con manifestaciones y llamadas al boicot contra la cadena de supermercados francesa Carrefour, y acusando a la prensa extranjera de distorsionar los tumultos de marzo.
El Dalai Lama da la bienvenida la diálogo
El Dalai Lama se halla "dispuesto" y a la espera de una confirmación oficial sobre la decisión china de reunirse con un representante privado suyo, aseguró hoy a Efe un portavoz del líder tibetano.
"No hay una confirmación oficial, pero Su Santidad ha hecho muchos esfuerzos para arreglar los problemas actuales. Está claro que la solución sólo puede llegar mediante un diálogo cara a cara", dijo a Efe por teléfono el portavoz Tenzin N. Taklha.
Una fuente oficial china reveló hoy a la agencia Xinhua que "los departamentos pertinentes" del Gobierno central mantendrán en los próximos días "contactos y consultas" con el representante privado del Dalai Lama.

domingo, 13 de abril de 2008

ALGUNAS LINEAS PARA ENTENDER LA SITUACIÓN en BOLIVIA



Reproducimos unos cuantos artículos de difrentes autores sobre Bolivia, que nos intenten aportar luz sobre la situación en esta nación hermana. Seguidamente, intentaré llegar a una serie de conclusiones y propuestas.



BOLIVIA: Socios no amos



Por Carlos Javier Galán



Durante años, los falangistas auténticos venimos defendiendo un sistema sindicalista, donde los modelos de empresa admitidos -o cuando menos predominantes- sean de economía social –esto es, modelos en los que el capital sea justamente retribuido, pero no ostente necesariamente la propiedad ni la gestión de la empresa-. A este respecto, muchas veces me había asaltado la duda de si el capital aceptaría una legislación de ese tipo, si admitiría reducir sus privilegios para seguir ganando dinero, o si, por el contrario, la economía nacional se podría descapitalizar peligrosamente. Como observador de experiencias alternativas y socializadoras, creo que el ejemplo boliviano viene a dar cumplida respuesta a esa pregunta.
Cuando Evo Morales anunció que el pueblo boliviano recuperaba la legítima propiedad de sus recursos naturales, las empresas petroleras se rasgaron con estruendo las vestiduras y profirieron amenazas de todo tipo: políticas, jurídicas y económicas. Algunos gobiernos como el nuestro –que nunca han alzado su voz en defensa de los millones de bolivianos que viven en la miseria, que ni siquiera defienden a las pymes ni los trabajadores españoles, y que es dudoso que hagan lo propio con nuestros intereses nacionales- se apresuraron a respaldar activamente los particularísimos intereses de las multinacionales españolas, como si fuera un asunto que afectase al bien común de la nación. El duo Moratinos-Zapatero ha quedado ahora en evidencia, porque se ha demostrado que no estábamos ante ningún expolio –todo lo contrario: es posible que estemos ante el fin de un expolio- y que las multinacionales saben defenderse muy bien ellas solitas. Finalmente, todas las compañías han acabado firmando los nuevos contratos negociados con el gobierno de este país hermano. Y, para que sus cotizaciones en las Bolsas no se resientan, se han apresurado a proclamar a los cuatro vientos que su permanencia allí en la nueva situación seguirá reportándoles jugosos beneficios. En los últimos años Bolivia asistía a una dramática paradoja: contaba con una importante riqueza natural, cada año aumentaban la producción de hidrocarburos y las exportaciones pero, paralelamente a esta mejoría de las cifras macroeconómicas, la población se empobrecía cada vez más. En el último quinquenio, cada hora 18 bolivianos se hundían en la pobreza y, de ellos, 6 en la indigencia. Más del 60 % de la población estaba por debajo de los niveles de pobreza. Entretanto, los beneficios de las multinacionales que explotaban los yacimientos energéticos nacionales crecían cuantiosamente y salían fuera del país. Incluso Intermon-Oxfam publicó hace algunos años un estudio, bajo el título
“Repsol-YPF, una isla de prosperidad en medio de la miseria”, en el que incidía sobre la responsabilidad que estas empresas debían contraer en el desarrollo de Bolivia.
Parece razonable que el nuevo gobierno haya querido invertir semejante tendencia y que la riqueza boliviana repercuta en la mejora de las condiciones de vida de los bolivianos. “Queremos socios, no amos”, les dijo Evo Morales a las empresas extranjeras que explotaban los hidrocarburos del país. El presidente no expulsó a las compañías, lo que posiblemente hubiera sido un error, sino que dijo que Bolivia quería seguir contando con ellas, con su tecnología, con su inversión, con su gestión... Pero planteó algo enteramente razonable: que garantizaría a esas empresas que recuperarían sus inversiones y que tendrían, además, un beneficio. Pero nada más. El Estado boliviano, dueño de esos recursos que se explotan, debía empezar a beneficiarse de la riqueza nacional.
Al final, todos han suscrito acuerdos en los que prácticamente se han invertido las proporciones anteriormente existentes, de manera que el porcentaje superior al 80 % que antes se llevaban las multinacionales quedará ahora para el Estado boliviano y viceversa. Los nuevos contratos incentivan, además, la futura inversión de las empresas, primándoles con incrementos en su retribución. Y parece que, finalmente, todos tan contentos.
Ahora la cuestión es otra: ese aumento notabilísimo de los ingresos estatales, ¿repercutirá directamente en la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos bolivianos? Así debería ser: ésa es la responsabilidad histórica que tiene el presidente Evo Morales. Desde España, los falangistas democráticos le animamos a cumplirla, en la seguridad de que también el propio pueblo hermano de Bolivia así lo exigirá.






EL EXTRAÑO DEVENIR DEL FALANGISMO BOLIVIANO




Por Roger



NACIMIENTO
Aunque conservaba todavía los rasgos clásicos de una economía subdesarrollada siendo un ejemplo clásico del sistema latifundista americano, a mediados del siglo XX Bolivia había vivido un importante cambio social. En 1937 se encontraba inmersa en un profundo estado de desanimo fruto de su depauperada situación económica y de la derrota en la Guerra del Chaco con Paraguay (1932-35) en la que perdió parte de su territorio mas rico en hidrocarburos. Sus jóvenes universitarios eran campo abonado para las ideas regeneracionistas que llegaban de Europa y de algunos países de su entorno como Chile y Argentina.
Es en este año en el que un grupo de estudiantes bolivianos en la Universidad de Santiago de Chile deciden unirse entorno a un proyecto renovador que bautizan como Falange Socialista Boliviana (FSB). El partido con claras influencias en el falangismo español y el fascismo italiano, plantea en su primer programa de principios varios aspectos coincidentes con la Falange Española, si bien su desvinculación con el sindicalismo, le acercan mas a una organización del estado de estilo fascista; aun así la peculiar idiosincrasia étnica de Bolivia, dividida en indios (la minoría), mestizos (la mayoría), y blancos (“la rosca” o elite) le llevan a ser autodidactas en varios conceptos innovadores, como son: La Redención del Indio (punto 9), y la Política Continental (punto 15), que textualmente decían lo siguiente:
- Punto 9: La Redención del Indio.- El indio es la raíz de la nacionalidad. Un plan de reforma agraria le dará su liberación económica, y un plan educacional, su calidad de dignidad humana.
Haremos del indio un ser apto para cumplir una función social consciente en el Nuevo Estado Boliviano, habilitándolo para un trabajo técnico rural y para su emancipación cultural.
- Punto 15: Política Continental.- Creemos en la unidad de destino de los países indoamericanos y en la necesidad de una política continental de cooperación económica y espiritual, para formar un frente único contra el imperialismo extranjero.
Su lema era “Dios, Patria y Hogar”, su bandera era azul, y su símbolo la antorcha. Exaltaban la tradición, el honor, la lealtad y el valor personal, junto con un estilo de vida austero, casi espartano. Se oponían al marxismo y a la lucha de clases, pero también a lo que llamaban "la derecha explotadora, vendida a las transnacionales”.
(Aquí se incluye un enlace a su programa ideológico inicial para una mejor comprensión:
http://spaces.msn.com/poruna-bolivia-mejor/blog/cns!EB17BCDF1CBA9710!128.entry )
En 1940, bajo la presidencia del General Enrique Peñaranda se produce un periodo aperturista, y es en este periplo donde se legalizan los primeros partidos políticos como FSB, y posteriormente en 1941 el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), un partido a priori coincidente en su ansia regeneracionista, si bien bebía mas en las fuentes del Nacional Socialismo alemán y en un ferviente anti-americanismo.
En 1945, uno de los fundadores de FSB, Oscar Unzaga de la Vega es nombrado de forma unánime Jefe Nacional. Era Unzaga según cuenta su biógrafa la historiadora Lupe Cajías un hombre lleno de contradicciones. Con gran sensibilidad poética y literaria; no obstante combatiente durísimo, católico ferviente y amante de la naturaleza, siempre tuvo sobre sus espaldas la idea de que él debería de actuar de una forma determinada porque así estaba escrito en su destino.
La obsesión por la muerte marcaría su línea de acción, primero por la caída en combate de su hermano Alberto en la Guerra del Chaco, y ante todo la herencia ideológica que recibió de su hermano mayor, Camilo, quien tejió la base de su ideología sin tener tiempo de desarrollarla. Por ello, en varias cartas o discursos Oscar Unzaga decía: “Es la voluntad de mis muertos queridos la que manda mis actos”.
En palabras de Álex Quiroz Helguero, un antiguo camarada, su inocencia siempre le jugó una mala pasada. “Sus soluciones a los problemas del país eran ingenuas, y lo alejaron de la línea nacionalista de los actores sociales emergentes tras la ola de la Guerra del Chaco y la Asamblea Constituyente de 1938. Representaba a un grupo social reducido. Y siempre imaginaba que sus acciones iban al final a ser reconocidas por las multitudes. Y no fue así”.
Hombre de trato fácil y gran carisma, conocido entre sus jóvenes seguidores como “el apóstol”, “el maestro” o “tío Oscar”, logró infundir entre sus camaradas un espíritu realmente austero y castrense. El ingreso en sus cuadros no era nada fácil, cada candidato debía ser avalado por un falangista, y para obtener el status de militancia debían pasar un examen físico e intelectual.
La FSB tuvo especial predicamento en la juventud universitaria de las principales ciudades, de donde saldrían los escuadristas de su organización juvenil, los Camisas Blancas, que pagarían posteriormente con la muerte, la prisión, o el exilio la lealtad a su líder.
REVOLUCION
Una serie de violento golpes y contragolpes se producen entre 1943 y 1950, durante el cual el MNR y la FSB conspiran contra los gobiernos establecidos, lo que lleva a sus lideres Paz Estenssoro y Unzaga a compartir habitación en el exilio. Si bien ambas formaciones buscaban la instauración de un nuevo orden social, el MNR lo hacía desde una postura antioligarca y antifeudal,, mientras que la Falange pretendía hacerlo en base a la creación de un Alma Nacional y la Unidad Patria en base a una futura colaboración de clases.
Es a partir de 1951 cuando el MNR se alza con la victoria en las elecciones, provocando un nuevo golpe militar de signo contrario. Ante estas circunstancias Siles Suazo, prepara un impresionante levantamiento con la participación asidua de obreros, campesinos, carabineros y personas que provenían de distintas ciudades del país. Estos acontecimientos terminarán dando lugar a la revolución del 9 de abril de 1952, que con la derrota del ejercito pone de nuevo en el poder al MNR. Cuando se tramaban los pasos finales de la revolución de abril, Hernán Siles Zuazo, le había ofrecido a Unzaga una participación activa de Falange para formar parte del gobierno revolucionario. Únzaga lo rechazó debido a la participación en la alianza de algunos elementos comunistas como la Central Obrera Boliviana. El MNR que se sabía en un punto de no retorno debido a que la escena mundial se movía en un ámbito convulso debido a la cercanía de las elecciones estadounidenses y a que la Guerra de Corea mantenía en jaque al ejercito de Estados Unidos y a la ONU, toma su decisión y decide unir sus fuerzas a las izquierdistas, lo cual marca la suerte de la falange boliviana.
Con el triunfo de la revolución su antiguo compañero de exilio Paz Estensoro regresa para hacerse cargo del poder, e inicia una serie de audaces reformas como la disolución del ejército y su sustitución por milicias populares, la nacionalización de la minería, y la ley de la reforma agraria. Esas reformas fueron de vital importancia para el país, sin embargo este período fue también una época de serios agravios a los derechos humanos, se crean campos de concentración donde son recluidos los opositores al régimen sin juicio previo, y de la Oficina de Control Político cuya función era hacer uso sistemático del terror para controlar a la población y así mermar cualquier movimiento de oposición al gobierno.
Unzaga expone sus puntos de vista al nuevo gobierno y propone replantear las medidas centrales de la revolución de abril, a continuación lanza un mensaje a la nación donde acusa al gobierno del MNR de estar infiltrado por el marxismo y el trostkismo. Puesto en una encrucijada se pone abiertamente a favor de los expoliados, haciéndose fuerte en el estado de Santa Cruz de donde finalmente son expulsados. La mayoría de la vieja guardia falangista es muerta o acaba en los campos de concentración y Unzaga vuelve al exilio, donde permanece hasta 1956.
A su regreso una multitud de nuevos jóvenes camisas blancas le esperan, y la FSB se constituye en principal oposición política al gobierno. Finalmente el 19 de abril de 1959 (onomástica de Unzaga) se marca como fecha para la ejecución de un golpe de estado contra el gobierno del MNR que debía ser apoyado por algunos sectores de la policía. Todo hace pensar que el golpe fue organizado a espaldas de Unzaga por la cúpula del partido que ingenuamente querían entregarle como regalo de cumpleaños el sillón presidencial. La plana de mayor del FSB fue emboscada y ametrallada a su entrada en un cuartel que debía haber estado vacío, y al anochecer Oscar Unzaga murió en circunstancias no aclaradas todavía, aunque la hipótesis mas difundida es la del suicidio, lo cual contrasta con un hombre de tan fervientes creencias católicas.
COLABORACIONISMO
Lo que vino después fue puro entreguismo y renuncia a los ideales originales. La búsqueda de cargos burocráticos y el revanchismo reemplazó la lucha por un nuevo orden más justo, y el partido fue convirtiéndose poco a poco un poco más que unas siglas que servían de trampolín a la ambición de algunos.
La estancia en el poder del MNR duro de 1952 a 1964. Durante ese periodo las aguas revolucionarias fueron aquietándose volviendo a lo que fue una revolución burguesa. Con la segunda legislatura del MNR Estados Unidos pacto un “Plan de Estabilización”, el Ejercito fue reconstruido y democratizado, se crearon la fuerza aérea y naval, y se procedió a la constitución de un sistema de educación y salud pública, pero la burguesía criolla no transigió en formar una sociedad integrada y solidaria, que pensara y actuara con sentido nacional. La mano oculta que durante esos doce años se mimetizó en la Revolución, acaparó y manejó el sistema económico y financiero del que con impresionante habilidad se levantaron fortunas con recursos fiscales.
En 1964 un golpe de estado protagonizado por Barrientos dio lugar a una serie de dictaduras militares que se sucedieron hasta el advenimiento de la democracia en 1982. Durante todo este tiempo el falangismo boliviano orquestó su acompañamiento coreográfico a los distintos mandatos dictatoriales, siendo sus mas significados hitos su gobierno en coalición con el MNR durante el gobierno de Hugo Banzer en donde su líder de entonces, Mario Gutiérrez fue nombrado ministro de asuntos exteriores. Paradójicamente los antiguos enemigos del 52 se encontraban ahora en el mismo bando, pasando de revolucionarios a cómplices de la dictadura.
No todo fueron sombras en ese periodo, uno de los mas significados luchadores por la libertad de Bolivia, Marcelo Quiroga Santa Cruz, inicia su andadura política en las filas de FSB. Nacido en Cochabamba al igual que Unzaga tras acabar sus estudios de periodismo en Chile y Méjico, fue nombrado diputado nacional por FSB durante el periodo de 1966 a 1969, durante el cual logró iniciar acciones legales contra Barrientos por su intervención colaboracionista en la muerte del “Che” Guevara. Durante el siguiente gobierno fue nombrado ministro de Minas y Petróleos, logrando la nacionalización de la multinacional americana Bolivian Gulf Oil Co, la medida fue un estandarte para los sectores nacionalistas. Tras fundar su propio partido, el Partido Socialista Uno, vuelve a llevar a un ex-dictador, en este caso a Hugo Banzer, a los tribunales por el golpe de estado que le izó al poder. El tercer dictador al que se habría de enfrentar, García Meza, había aprendido bien la lección y durante su golpe de estado en 1980, Marcelo Quiroga fue asesinado, sin que hasta hoy se hayan encontrado sus restos. Sus exegetas proclaman que solo utilizó a FSB como una herramienta, pero en cualquier caso sus historias quedarían indisolublemente unidas.
EL FIN DE LA FALANGE SOCIALISTA BOLIVIANA
En 2003, las candidaturas electorales de FSB estaban unidas a Patria Nueva, partido de corte nacionalista cuya inspiración era el Movimiento Socialista Nacional (herederos del Movimiento Nacional Socialista de Chile) Patria Nueva Sociedad. Por fin ese mismo año la historia la FSB llega a su fin, cuando por sentencia judicial pierde su personalidad jurídica por incumplimiento de la norma que estipula la obligatoriedad de inscribir a sus afiliados, siendo borrada del registro de partidos políticos, y eliminados de la “nomina” sus dirigentes y delegados acreditados ante la Corte Nacional.
NUEVAS TENDENCIAS
El MAS_U:
En 1987, el ala mas izquierdista de FSB liderada por Añez Pedraza se escinde formando el partido Movimiento al Socialismo- Unzaguista (MAS-U), quien se aliaría con otros partidos indigenistas del incipiente movimiento cocalero. Cuando bajo la presión de las fechas electorales, se necesitó un partido registrado, se usó el MAS-U para presentar la coalición. Posteriormente con la llegada del nuevo milenio uno de sus lideres sindicales más carismáticos se hizo con la dirección del partido, eliminando por motivos prácticos la sigla “U”, y desmarcándose del lastre ideológico que conllevaba su pasado falangista, este hombre era ni más ni menos que el actual presidente de Bolivia Evo Morales.
El MAS-U en su origen pretendió dar coherencia a las reivindicaciones de los cocaleros en una estrategia centrada en la oposición al pro-imperialismo de los gobiernos burgueses, pero a medida que estos gobiernos se fueron haciendo mas permeables a las exigencias indígenas, sus tesis fueron dando paso a la actual doctrina de centroizquierda que podríamos llamar “capitalismo de estado, andino”, es decir en palabras de Heinz Dieterich “una economía de mercado con una fuerte función desarrollista y proteccionista del estado, dentro de una superestructura política burguesa”.
La Falange Unzaguista Boliviana:
En abril de 2000, se había celebrado en Chile el “Primer Encuentro Ideológico Internacional de Nacionalidad y Socialismo” auspiciado por Patria Nueva Sociedad (de corte Nacional Socialista), uno de los asistentes al evento fue Horacio Poppe, un piloto comercial que se declara admirador de Unzaga, Nietzsche y Spengler, quien a su regreso a Bolivia decide fundar el Frente Socialista de Naciones Bolivianas (FSNB) denominado “Movimiento Neounzaguista”, sumando su partido a la Red Nacionalista Continental Sur Americana. En 2005 se abrió en las universidades una campaña de reclutamiento de “legionarios” para los camisas blancas, y se anunció la fundación de la Falange Unzaguista Boliviana como unión del Movimiento Neounzaguista y la Vieja Guardia Falangista.
Actualmente ha mantenido contactos con partidos del ámbito de FE/ La Falange en España, y parece haber recuperado las siglas primitivas, FSB, según lo visto en su página web http://www.antorcha.tk/ , si bien se desconoce si ha recuperado su personalidad jurídica.

Descanse en paz OSCAR UNZUAGA de la VEGA.

miércoles, 9 de abril de 2008

Reconocimiento y homenaje a Melchor Rodríguez, "El Ángel Rojo” (ver artículo completo en JARABE AUTÉNTICO).

La campaña a favor de reconocer y homenajear a Melchor Rodríguez (el ángel rojo) como iniciativa del Grupo de Trabajo “Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía” de CGT.A con la colaboración de la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia (AMHyJA) comienza a recibir apoyos de personas de muy diversas profesiones (escritores, periodistas, historiadores, etc..), así como de asociaciones (ARMH) y organizaciones.
En estos momentos los promotores de la campaña están organizando una Conferencia sobre Melchor Rodríguez, que impartirá Alfonso Domingo, escritor, y que será presentado por José L. Gutierrez Molina, historiador, para el viernes 25 de Abril, en Sevilla, y de la que se informará puntualmente el lugar de celebración concreto.
La información –actualizada cada tres días- sobre esta iniciativa se podrá seguir en el siguiente enlace:
http://www.novedadescgt.info/spip.php?rubrique67
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MANIFIESTO QUE SE INVITA A SUSCRIBIR Y ENVIAR

POESÍA PATRIA (ANTONIO MACHADO)

(A ORILLAS DEL DUERO)
Mediaba el mes de julio.
Era un hermoso día.
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.
Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
y una redonda loma cual recamado escudo,
y cárdenos alcores sobre la parda tierra
—harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero
en torno a Soria. —Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana—.
Veía el horizonte cerrado por colinas
obscuras, coronadas de robles y de encinas;
desnudos peñascales, algún humilde prado
donde el merino pace y el toro, arrodillado
sobre la hierba, rumia; las márgenes del río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
¡tan diminutos! —carros, jinetes y arrieros—
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.
El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla. ¡Oh, tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aun van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos aún el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.
La madre en otro tiempo fecunda en capitanes
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es aquella tan generosa un día,
cuando Myo Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva fortuna y su opulencia,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,
pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados,
guerreros y adalides que han de tornar, cargados
de plata y oro, a España, en regios galeones,
para la presa cuervos, para la lid leones.
Filósofos nutridos de sopa de convento
contemplan impasibles el amplio firmamento;
y si les llega en sueños, como un rumor distante,
clamor de mercaderes de muelles de Levante,
no acudirán siquiera a preguntar ¿qué pasa?
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.
Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.
El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana—
ya irán a su rosario las enlutadas viejas—.
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
de nuevo ¡tan curiosas!... Los campos se obscurecen.
Hacia el camino blanco está el mesón abierto
al campo ensombrecido y al pedregal desierto

sábado, 5 de abril de 2008

Entrevista a Gustavo Bueno



«Es probable que Francia y Alemania estén dispuestas a hacer lo posible para que Cataluña sea una nación independiente dentro de la UE»


Gustavo Bueno anda este fin de año particularmente atareado –más incluso de lo que en él es habitual– con la presentación de su nuevo libro, «España no es un mito». En él, el profesor Bueno trata, con el rigor y la profundidad a las que nos tiene habituados, además de con la precisión propia de un taxidermista, un tema de rabiosa actualidad política: la existencia real de España frente a los ataques de quienes la consideran un mito, una invención artificial; bajo cuya artificiosa estructura conviven las «otras» identidades nacionales realmente existentes: Cataluña, Euskadi, Galicia,... Dar respuesta a estos y otros ataques contra España es el objetivo de su libro. Para hablar de él nos atendió –haciendo un paréntesis en los agotadores viajes de presentación de su libro entre Sevilla y Bilbao– en su casa de Oviedo, donde mantuvimos con él la siguiente entrevista.
Chispas. Dices en la introducción que este libro «es uno más de los libros españoles de contraataque contra los enemigos de España». Afirmación que encierra dos proposiciones. La primera que es de contraataque, es decir, de reacción frente a un ataque. ¿En que consiste este ataque?
Gustavo Bueno. El ataque es una condensación de procesos muy difusos y que yo los mido en diversos planos: externos e internos.
Ch. Vayamos pues a los ataques internos. ¿Son de una única categoría?
G.B. En los ataques internos hay que distinguir en primer lugar los ataques activos, directos, concretamente de los sectores separatistas, de los nacionalismos fraccionarios como los solemos llamar. Nacionalismos que como siempre han negado no sólo la unidad sino la propia identidad de España, pues constituyen directamente un ataque sin disimulos a España. Ataques que vienen de lejos y que tienen ya una tradición, desde Prat de la Riba y Pi y Margall hasta Sabino Arana.
Ch. ¿Pero son lo mismo unos que otros?
G.B. No, la tradición de los ataques a España de Arana o de Prat de la Riba son muy distintos. Porque, por ejemplo, Sabino Arana y el PNV más que negar a la nación española, lo que hace es considerarla como enemiga suya, como algo inferior, una especie de basura, pero a fin de cuentas la consideraba una nación. Aunque fuera una nación degenerada por la raza o impura por la mezcla de razas. Mientras que el nacionalismo catalán, concretamente Prat de la Riba, sencillamente no considera a España una nación. Para él, España históricamente ha sido un conglomerado de cosas diferentes. Incluso el imperio español lo considera una fantasía, y afirma que el único imperio digno de ser llamado así es el catalán. Lo que es una cosa muy curiosa, porque normalmente pasa desapercibido. Y sin embargo se observa muy bien, por ejemplo, en la «Historia de España» de Soldevilla, escrita en los años 60 y que se extendió mucho entre la gente de izquierdas. Y aunque estaba muy mesurada por haberse escrito en pleno franquismo, ahí se insinuaba claramente y se planteaba la cuestión: el imperio español fue una fantasía, una especie de entelequia religioso-ideológica sin ninguna base real, el verdadero imperialismo español, en el sentido más positivo, es el catalano-aragonés.
Ch. Luego la profundidad de los ataques a España vienen de lejos
G.B. Sí claro, lo que interesa subrayar ahora es que los ataques a España de ahora están ya configurados en el siglo XIX con el nacionalismo vasco y el catalán. El gallego vendría después con estas cosas de los celtas que luego se han extendido a Asturias. El otro día hubo aquí una «noche celta» donde van un montón de individuos engalanados tipo «Astérix», con cascos con unos cuernos de buey y dan saltos y dicen que son celtas, una cosa verdaderamente ridícula... Pero sí, estos ataques internos han sido constantes durante mucho tiempo. Y siguen siéndolo y se han reavivado los últimos años con lo del Estatuto de Cataluña y el Plan Ibarretxe. Y por supuesto con otros intentos que hay en varios sitios de España como sabemos. Entre ellos, para mi sorpresa, el otro día me contaron que en La Rioja hay un movimiento nacionalista e incluso separatista que reivindican como propio el español. Lo que ya es una cosa de locura, pero de tipo delirium tremens. Dicen que el español es suyo porque nació en La Rioja, afirmación que es falsa. Una cosa es que allí estén los primeros documentos del español, en San Millán de la Cogolla. Pero si el español es importante es precisamente porque enseguida rebasó las zonas donde se conservan los primeros testimonios. Si justamente una de las cosas más sólidas de la lengua española es que tan importante es el acento andaluz o el boliviano como el castellano. La estructura ha desbordado la génesis, y ahí está su potencia. Pero querer volver a sus orígenes o llamarle ahora otra vez castellano es tan insensato como querer llamarle toscano al italiano actual.
Ch. ¿Acaban aquí los ataques internos?
G.B. A todos estos ataques internos habría que sumarle lo que podríamos llamar un ataque pasivo, que se podría identificar con el pasotismo. En el que vive una gran parte de la burguesía media e incluso de los sectores de la clase trabajadora que han alcanzado un cierto nivel de prosperidad. Y que simplemente viven bien en el estado del bienestar y no quieren ningún lío. Y entienden que aquí ni hay ataques ni nada, que eso son bobadas de los políticos o formas que tienen para ganarse la vida. A mi juicio, aunque su intención no sea esta, contribuyen también al ataque por lo pasivo, por no ver la realidad.
Ch. Pasemos entonces a los ataques externos
G.B. En cuanto a los ataques externos, yo creo que el principal es el islam. Según los últimos estudios se calcula que más de un tercio de los musulmanes, es decir alrededor de 400 millones de personas, son partidarios o simpatizantes, a distintos niveles, de la «yihadd». Lo cual es algo serio, porque ya no se trata de unas minorías ungidas, cultas y elitistas sino de una masa importante de gente que contribuye principalmente a través de las limosnas recogidas en las mezquitas y a través de las cuales se sufraga las actividades de la «yihadd» en todo el mundo. Y luego está Europa. Con respecto a la cual pienso, aunque no creo en ninguna teoría conspiratoria, pero sí me parece muy probable que las posiciones de Francia y Alemania estén dispuestas a hacer lo posible para que Cataluña sea una región o una nación independiente dentro de la Unión Europea, por ejemplo. En ese sentido ahora hay unos ataques más o menos velados en el sentido de favorecer excesivamente a Cataluña –y al País Vasco más seguramente–. Lo que se ve claramente por ejemplo en Frankfurt, las cátedras de catalán que hay allí, toda la creación en Alemania de grupos culturales que van en esta dirección y que por ahí se empieza.
Ch. Sí, pero no es que sean grupos culturales sólo ni principalmente. Es que, por ejemplo, en el Parlamento europeo existe un grupo que se llama Alianza Libre Europea, capitaneado por Los Verdes alemanes y en el que participan los eurodiputados del PNV, ERC, BNG, &c., y con el que trabajan todos los grupos europeos en defensa de las lenguas minoritarias, de las minorías étnicas, de las «naciones sin Estado»,... y cuya financiación principal procede directamente del Ministerio del Interior alemán. Y esto no son teorías conspiratorias, sino hechos palpables y demostrados,...
G.B. Sí pero a eso te contestarán que ellos lo que están defendiendo es lo del pluralismo cultural, la protección de los débiles y cosas de esas. E incluso explícitamente te dirían que se sienten ofendidos por estas acusaciones. Que ellos no quieren eso, que ellos no atacan a España.
Ch. De acuerdo. Pero seguramente los financieros de Wall Street que diseñaron, conspiraron y financiaron para separar a Panamá de Colombia también se sentirían ofendidos si alguien les acusara de atacar a Colombia. Y argumentarían también que ellos sólo lo hicieron en nombre de la libertad de comercio y del altruista objetivo de favorecer el comercio entre los pueblos del Atlántico y del Pacífico. Tu eres un buen conocedor de la historia de Alemania, y en particular de la historia de las ideas políticas en ese país, y sabes de sobra que la idea de la «Europa de los pueblos» es un proyecto largamente acariciado por la burguesía monopolista germánica.
G.B. Sí, eso por supuesto. Y los mapas que he visto reproducidos en el De Verdad y en Chispas han sido muy importantes porque hizo que mucha gente se enterara del asunto y de cómo está el patio. Y sí, yo lo he conocido muy de cerca porque en los años 40 el profesor que nos daba alemán en Zaragoza nos traía folletos donde se explicaba esto precisamente, qué papel tenían que jugar países como España y Francia, o incluso la Unión Soviética. Y lo tenían todo calculado milimétricamente para proceder a una explotación sistemática y racional de toda Europa. Algo para lo que se habían inspirado en el modelo aplicado por la administración colonial inglesa en la India. O sea que la cosa está más clara que el agua, lo que pasa es que todo eso se ha olvidado.
Ch. Precisamente, tanto porque se ha olvidado como porque mientras de los ataques internos todo el mundo habla, mientras que de los enemigos externos nadie tiene conciencia es por lo que resulta especialmente importante hablar de ello, hacer hincapié y abrir los ojos ante esta realidad oculta. Ahora por ejemplo acaban de detener al criminal de guerra este, Ante Gotovina, en Tenerife. ¿Es qué no está suficientemente claro, 15 años después, cómo Alemania estuvo detrás de la sangrienta fragmentación de Yugoslavia, cómo financiaron y apoyaron a los independentistas croatas y eslovenos durante muchos años antes de la explosión fratricida?
G.B. Sí desde luego, está clarísimo. Y además contando con la colaboración inestimable del Vaticano también, apoyando a los croatas católicos frente a los comunistas de Tito.
Ch. En el libro te preguntas hasta qué punto el ingreso o la pertenencia de España a una Confederación de Estados o de pueblos europeos no facilitaría el descenso en rango o incluso la balcanización de España. Pero la cuestión no sería más bien preguntarse si este es únicamente un proceso que favorece objetivamente la fragmentación o si, por el contrario, este es el objetivo que se busca explícita y objetivamente, por parte de la potencia imperialista emergente en Europa, es decir Alemania.
G.B. Desde luego mi respuesta sería positiva, claro, yo creo que sí. Y entiendo que el proceso de la Unión política europea lo facilita más que otra cosa. Y lo que ha ocurrido en la última Cumbre, con la que nos va a caer encima ya se ve que es así. Ahora nos van a machacar completamente con los famosos fondos estructurales y de cohesión y a ver que va a pasar aquí. Por ejemplo, en Asturias está la gente alarmadísima. Porque aquí ya con Maastrich la partieron por la mitad, con el carbón, la siderurgia, la leche,... y es una sociedad que prácticamente vive de las jubilaciones. Sólo en la minería hemos pasado de 40.000 a 3.000 mineros. Y el resto viviendo con 40 años o menos de las prejubilaciones, ellos y sus hijos. Jubilaciones que mueven un flujo de dinero muy considerable que por el momento permiten disimular la realidad. Pero ya veremos qué ocurre cuando todo esto empiece a acabarse o a recortarse.
Ch. Diferencias en el libro entre «estar amenazado» y «estar en peligro». Entonces, ¿España está amenazada o está en peligro? ¿Y cuál sería, de acuerdo con ello, la amenaza o el peligro?
G.B. Yo creo que hay más amenaza que peligro. Porque todo eso depende del grado de resistencia que pueda ofrecer España a los distintos ataques. Por ejemplo, yo no creo que en estos momentos la amenaza musulmana ponga en peligro a España, porque está todavía muy desorganizado, tiene muchos puntos sin tocar, está muy controlado por otras potencias. Y por eso me parece un peligro a largo plazo y que depende de cómo vaya evolucionando también: cómo se desarrolle la situación en Marruecos, Argelia, los grupos salafistas, qué dimensiones tenga realmente Al Qaeda,... Y aunque ahora hay muchos datos sobre estas cuestiones, hay que ver también hasta qué punto todos estos datos están bien filtrados, entendidos, analizados. Pero, en ese sentido, es una amenaza de más largo alcance y que dependerá mucho de cómo se desarrolle la situación internacional. Lo cual no quita, claro, para que cualquier día te pongan una bomba o te monten otro 11-M. Pero eso, aunque sea muy doloroso, no pone en peligro a España.
Ch. ¿Y los ataques internos? ¿Constituyen según tu diferenciación una amenaza o un peligro?
G.B. Ahí está la cuestión. Porque el peligro que aparece ahí es si va a producirse un desguace de España como quieren los catalanes con su forma de tributación independiente, y esto aparte de las cuestiones políticas, de si se definen como una nación, &c. Y en Euskadi, claro, las amenazas son totales. Ahora bien, hasta qué punto se va a sostener la reacción que ha habido –y que debo reconocer que a mí me ha sorprendido, yo no me la esperaba– por parte del PSOE, incluso del propio Felipe González, que se ha llegado a decir que crítica a Zapatero no haber sabido gestionar todo esto del Estatuto, de Guerra, de Ibarra,... es imposible saber ahora mismo como va a acabar la cosa ahí dentro. Porque aunque existen todos esos sectores está también la figura de Zapatero, al que yo le he declarado la guerra total, por razón de su imbecilidad. He escrito hace poco un artículo sobre el
«pensamiento Alicia» a raíz de sus declaraciones sobre la Alianza de Civilizaciones. Y es un pensamiento y un tipo tan bobo, tan bobo –Rajoy se lo llamó hace unos días, pero yo se lo vengo diciendo hace años– con una especie de pensamiento medio místico, de influencias masónicas a través de su abuelo que era masón, de la humanidad y la paz universal y todo eso...
Ch. Pero el PSOE es bastante más que Zapatero
G.B. Por supuesto, lo que se ha puesto de manifiesto es cómo existe un fondo en España todavía, un fondo muy importante, de gente que, sobre todo, ve con muy malos ojos –y hablamos de millones de españoles, tanto votantes de PP, de PSOE o de cualquier otro partido no nacionalista– que les indigna ver que se fomenten las desigualdades territoriales tan patentes que pretenden los catalanes o los vascos. Y sobre todo en las cuestiones de distribución tienen que andarse con mucho cuidado porque se les puede montar un follón tremendo. Y claro, hay que esperar a ver cómo evoluciona esa reacción, si se sostiene y se desarrolla, para calibrar el grado de peligro o amenaza que esta situación representa. Yo por mi parte me mantengo a la expectativa sobre esto a ver que pasa estos días en el Parlamento, a ver qué van a hacer con el Estatuto.
Ch. Planteas dos cuestiones que son distintas pero que están íntimamente relacionados. Por un lado lo que dices –y yo no creo que sea sólo un problema económico de distribución, aunque esto en efecto pese mucho– de que existe un fondo, un sustrato común a toda España de mucha unidad. Y es que son muchas raíces comunes, mucha historia compartida, muchas luchas conjuntas durante muchos siglos, una mezcla constante,...
G.B. Si es que esto yo lo veo en mi propia familia. Yo tengo un yerno catalán, mi hija está casada con un catalán de Barcelona. Y esto nos da una serie de relaciones, a mi familia, a mis nietos que tienen sus raíces catalanas y asturianas, y eso no se puede romper así por las buenas. Eso sí, mi familia política allí en Cataluña está dividida. Un hermano de mi yerno es catalanista cerrado, del PSC más cerrado, su hijos no hablan ni español. Y sin embargo mi yerno se siente tan español como catalán. Y esto que me pasa a mí puedes multiplicarlo por ni se sabe cuanto. Ya vivas en Asturias o en Sevilla tienes múltiples relaciones con Cataluña, no es como si fuera Bulgaria, no son relaciones abstractas sino muy concretas. Y esto se multiplica por toda España, por eso no se puede romper de cualquier manera ni fácilmente sin negar la historia y las raíces comunes que tú decías o las relaciones comerciales, como estamos viendo ahora con lo del cava.
Ch. Sí, esa es otra cuestión sobre la que quería que habláramos después. Pero antes de eso, yo creo que es esta base material, este fondo de unidad, que comparten plenamente el 80 o el 90% de los afiliados y votantes socialistas, incluidos los de Cataluña y Euskadi...
G.B. En eso se basa precisamente mi esperanza de que esto no va a llegar a mayores, aunque siempre puede haber algún imprevisto. Yo utilizo la siguiente fórmula: que la unidad de España no corre tanto peligro como su identidad. Es decir, la unidad de España, los lazos entre los españoles de todo tipo se van a mantener. Porque claro, ¿quién no va a ir a Barcelona o de Barcelona a Madrid habiendo tantísimos lazos comunes? Eso es prácticamente imposible. Ahora, la identidad, eso corre más peligro. Porque claro, si se empieza a hacer concesiones sin parar en este terreno... Un ejemplo que conozco de cerca por alumnos míos; hay una indignación total por el hecho de que no puedan ir de profesores a Cataluña. Si no sabes bien el catalán –y muchos de ellos no pueden aprenderlo por la razón que sea– no pueden ir a trabajar allí. Y lo mismo puede empezar a pasar ahora con jueces y demás profesiones así. Pero, si el español es una de las dos lenguas oficiales de Cataluña, ¿por qué coño no puedo ir yo allí a dar clases tranquilamente? Y claro, si esto llega a mayores, si se llega a que el catalán sea, en los hechos, el único idioma de Cataluña, convirtiendo al español en una lengua instrumental, «vehicular» como la llaman ellos, ahí empezarían a cambiarse completamente los términos. El otro día estuve justamente con dos profesoras catalanas y estaban completamente aterrorizadas. Dicen que es un estado de miedo, que no dejan utilizar el español ni en el recreo, que continuamente están pasando inspectores para controlar lo que hacen, se ven obligadas a dar las clases de literatura española en catalán, o sea, tener que explicar Cervantes a través de Verdaguer, la cosa tiene bemoles. Una situación que ha ido «in crescendo» y que hasta ahora no ha habido nadie que hiciera algo. Es lo que ha pasado en el País Vasco, que tú vas allí y empiezas a ver todos los carteles y letreros en vasco, hasta en las carreteras, que es imposible entender nada –ni siquiera seguramente para la mayoría de la gente que vive allí– y parece que estés en Checoslovaquia o algo así. Y luego te paras en el peaje de la autopista y resulta que el que está en la cabina es un paisano tuyo, de tu pueblo. Una cosa totalmente ridícula.
Ch. Yo creo que el juego que está sobre la mesa y que es el que tú planteas como el problema de la relación entre unidad e identidad es que, precisamente por lo que hablábamos antes del sustrato común tan fuerte de unidad, aquí no se puede avanzar hacia la fragmentación como se hizo en Yugoslavia. Sino que hay que avanzar en etapas y hacia una «muerte indolora» del paciente, una especie de «eutanasia dulce» en la que progresivamente se vayan debilitando, adormeciendo, extinguiendo esos vínculos de unidad. Y su primera etapa, en la que estamos, es la de la desarticulación política del Estado, o sea, la vía catalana que se ha emprendido con la reforma del Estatuto.
G.B. Y ahí el problema vuelve a ser hasta qué punto el PSOE está dispuesto a llegar. Y la propuesta sobre financiación de Solbes demuestra cómo es imposible e inviable el modelo económico que proponen.
Ch. Imposible a no ser que exista un «socio oculto». Porque económicamente, si nos fijamos, lo de Cataluña no tiene explicación. En sus relaciones comerciales con el resto de España, la burguesía catalana obtiene anualmente un superávit de más de tres billones de pesetas. Nadie en su sano juicio, y mucho menos una clase tan calculadora como la burguesía, está dispuesta a arruinar ese negocio por difusos ideales patrióticos. A no ser, claro está, que exista un socio oculto que le esté prometiendo que lo que pierde por un lado (el mercado español) puede recuperarlo con creces por otro (el mercado europeo).
G.B. Eso es un suicidio para la burguesía catalana, sería una cosa de imbéciles, porque el caso de Cataluña no parece que sea el del País Vasco donde los empresarios se ven obligados por el terror a sostener a una banda que –como ya dijo Caro Baroja hace mucho tiempo– es una banda de tipo mafioso. En cuanto a que se les estuviera ofreciendo a cambio una participación importante en otros mercados, es posible, pero eso habría que demostrarlo.
A. Lozano