jueves, 27 de marzo de 2008

MEMORIA de la REVOLUCIÓN HÚNGARA de 1956





Anticipando la conmemoración de la Primavera de Praga de 1968 incluiremos una reseña a la Revolución Húngara de 1956, uno de los antecedentes de levantamiento popular contra el totalitarismo soviético. Una revolución que sobrepasó sus límites patrióticos y antiimperialistas para esbozar (al menos en Budapest) rasgos de democracia de base y autogestionarios. Al final la infamia armada de los tanques rusos aplastaria la resistencia del pueblo húngaro, pero la esperiencia no fue en vano y sus lecciones deberían ser asimiladas por todos los revolucionarios.


El detonante de los hechos fue, como tantas veces en la historia, una rebelión estudiantil. Los estudiantes de la Universidad Politécnica de Budapest y la Organización Unificada de Estudiantes Universitarios de Hungría elaboran una plataforma común de 16 puntos que exigía entre otras la retirada de las tropas soviéticas y de solidaridad con el pueblo polaco. Esta manifestación estudiantil se convierte en pocas horas en una rebelión general de más de 200.000 personas, que comenzaron a exigir “libertad” y “independencia”.
Debido al giro radical de los acontecimientos, el régimen opta por llamar como primer ministro a Imre Nagy, un “reformista” que ya había gobernado el país de 1953 a 1955. Al mismo tiempo, el régimen llama a las tropas rusas “para restaurar el orden” produciéndose en los barrios periféricos de la periferia una resistencia armada de jóvenes obreros y estudiantes, frente a los tanques soviéticos. Esta resistencia armada provoca el colapso de las instituciones oficiales. En unos cuantos días y horas las masas se organizan para la resistencia y se declara la huelga general, declarada por comités obreros y revolucionarios que se forman en la mayoría de las empresas en estrecha conexión con los estudiantes.


Toda esta autoorganización, al margen del “parlamento” estaliniano, junto con la lucha armada que se está produciendo contra el ocupante ruso, provoca una crisis del régimen. El 25 de octubre cayó el líder del “Partido de los Trabajadores Húngaros” (PTH) (irónico nombre para el partido único que oprimía a los obreros y el pueblo) y lo sustituyó Janos Kadar. El 27 de octubre Imre Nagy forma un gobierno de coalición en el que integra partidos “de la oposición”. El 28 de octubre se decretó el “alto el fuego” y las tropas rusas salían de Budapest. Pese a ello los consejos obreros se mantienen vigilantes y mantienen la huelga general.
Destacaremos, también, la importancia que tienen al inspirar la revolución la insurrección obrera de Berlín en 1953, o la lucha del pueblo y los obreros polacos en el mismo 1956.
Nagy, bajo la presión popular, pone en marcha un audaz programa de gobierno, que supone un triunfo momentáneo de la revolución democrática: disolución de la policía política y cese de las medidas represivas, libertad de partidos políticos, retirada de las tropas soviéticas y abandono del Pacto de Varsovia, solicitando ante la ONU un estatuto de neutralidad similar al de Austria.
Estas propuestas son mucho más de lo que Moscú podía tolerar, que entreveía la posibilidad de la extensión de tal revolución por toda Europa del Este. El 4 de noviembre de 1956, 19 divisiones soviéticas, con más de 200.000 soldados y cientos de tanques invaden la capital húngara y sitúan a Kadar en el gobierno. Sin embargo, la resistencia continúa. La invasión es el detonante que consigue la coordinación de todos los consejos obreros de la capital en un Consejo Central del Gran Budapest. La lucha armada continúa hasta el 12 de Noviembre y el estado de Huelga General se mantiene durante meses; solo paulatinamente el gobierno consigue la vuelta a la “normalidad”.

El poder de los consejos obreros
Para hacerse una idea del gran potencial de los consejos obreros examinaremos una serie de hechos sobresalientes. En provincias, en muchos casos el consejo obrero dirigía la vida política, económica y administrativa de toda una región industrial, en ausencia de administración o de poder central. El gobierno Nagy tuvo que tratar en todo momento con los consejos obreros, para negociar la vuelta al trabajo y la consolidación de su régimen. Incluso después de la invasión soviética, Janos Kadar se ve obligado a negociar con los consejos obreros pues, a pesar de los tanques soviéticos, en una situación de huelga continua, el régimen no puede funcionar. Como señalaba el Manchester Guardian:
“La huelga general…es un arma mortal, tanto para las que la utilizan, como para aquellos contra quien se utiliza. Ya que el Gobierno Kadar, que se aguanta con el apoyo de los tanques soviéticos, está tan muerto como si cada uno de sus miembros hubiese estado ahorcado”.
En cuanto al programa político de los consejos, expondremos, como muestra, los “principios” que son votados en una reunión obrera el 31 de octubre de 1956 donde estuvieron presentes delegados de 24 grandes empresas que representaban de unos 200.000 a 300.000 obreros.
El primer punto declara que “la fábrica pertenece a los obreros” y el segundo que “el órgano supremo dirigente de la empresa es el consejo obrero democráticamente elegido por los trabajadores”. Los puntos cinco, seis y siete definen los derechos del consejo obrero:
a) Aprobar y ratificar cada uno de los planes de la empresa.
b) Decidir y determinar la base del salario
c) Decidir sobre todo contrato con el extranjero.
d) Decidir sobre el desarrollo sobre toda operación de crédito.
e) Arbitrar el comienzo o cese de los contratos de todos los asalariados de la empresa.
f) Elegir al director de la empresa, responsable ante el consejo obrero.

Crónica de una lucha
Meter Fryer
[1] describe como los rusos lanzaron durante cuatro días y cuatro noches continuos bombardeos, que según sus palabras, “dejaron vastas zonas de la ciudad, sobre todo los barrios obreros, prácticamente en ruinas”. Allí presenció una heroica revolución de la cual dijo que “no era organizada por fascistas o reaccionarios sino por el pueblo común de Hungría: obreros, campesinos, estudiantes y soldados”. Las tropas estaban divididas y algunas se hallaban ya dispuestas a unirse al pueblo, otros (menos decididos) estaban dispuestos a entregar sus armas a los obreros para que estos pudieran combatir a la policía secreta. Además, muchos rifles de caza fueron tomados por los obreros de depósitos de armas.

Balance de la revolución

Recordemos los muertos, exiliados y encarcelados, que mencionamos antes. Nagy fue fusilado en 1958, lo cual confirma que pese a sus limitaciones (no dejaba de proceder del aparato del partido único), tuvo una actuación honesta durante las jornadas revolucionarias y se convirtió en portavoz de las aspiraciones de su pueblo.
La memoria de la revolución permaneció en el pueblo húngaro y es quizás por ello por lo que el partido único fuera de los primeros en desmontar a finales de los 80, en plena época de Gorbachov, el régimen totalitario y a reformarse como “partido socialdemócrata”. Esto me lleva a una reflexión: ¿Como puede la Internacional Socialista aceptar y homologar como partidos “socialista democráticos” a partidos provenientes de la autorreforma del estalinismo?¿Como puede aceptar tan fácilmente a fuerzas políticas de un pasado tan oscuro en una Internacional que se supone demócrata? Recordemos el reciente escándalo protagonizado por el presidente del gobierno de este mismo “Partido Socialista Húngaro” (MSzP) Ferenc Gyurcsany. Lanzo estas preguntas para la reflexión de los lectores.
En este 50 aniversario de la heroica Revolución Húngara, mantengámosla en la memoria para ser conscientes de lo enemigo que fue (y es) el comunismo soviético de la democracia, del pueblo y de la clase obrera y a su vez del poder que tenemos los trabajadores y todo el pueblo, cuando somos conscientes, contra la tiranía.





[1] Corresponsal del diario “comunista” británico Daily Worker. Cuando envió sus informes desenmascarando el crimen estalinistas, el diario secuestró los informes y el PC lo expulsó.

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